Por su parte, la inflación subyacente, que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos, aumenta una décima hasta el 2,4%. Con este resultado vuelve a situarse en el nivel registrado en abril, tras varios meses de ligeras oscilaciones, y aunque refleja cierta estabilidad en los componentes más estructurales de los precios, marca también un leve repunte en el cierre del verano.
La evolución del índice en agosto responde, principalmente, al efecto al alza de los carburantes, cuyos precios descienden menos que en el mismo mes de 2024. En sentido contrario, los alimentos y bebidas no alcohólicas, con una bajada más acusada que la registrada un año antes, y la electricidad, que sube con menor intensidad, han contribuido a moderar la tasa general.
En términos mensuales, los precios de consumo registran en julio una tasa del 0,0% respecto a julio, lo que refleja la ausencia de variaciones significativas en la evolución inmediata de los precios. Respecto al Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA), referencia empleada por la Comisión Europea en sus comparaciones, la tasa interanual se mantiene en agosto en el 2,7%, sin cambios en términos mensuales. La inflación subyacente del IPCA se sitúa igualmente en el 2,4% en el octavo mes del año.
En agosto de 2025, la inflación ofrece una aparente tregua que no debe interpretarse como un signo de normalización definitiva. El contexto internacional sigue marcado por la volatilidad de los mercados energéticos, las tensiones geopolíticas y la incertidumbre en los costes de transporte, a lo que se suman múltiples factores como el impacto potencial de los aranceles, el aumento del consumo en los próximos meses navideños, la evolución del precio de la vivienda y la regulación del coste de la energía, que requieren un seguimiento cercano por su posible efecto sobre los precios.
En este contexto, resulta esencial reforzar la capacidad de resiliencia y adaptación del tejido empresarial, generando un marco que impulse la inversión y la actividad productiva. En Canarias, donde los retos derivados de la insularidad son más acusados, apostar por la eficiencia, la diversificación y la innovación se presenta como la vía más sólida para mantener la competitividad y abrir nuevas oportunidades de crecimiento en un entorno económico cambiante.