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Desinfección aérea

Por Joana Maria Borrás
domingo 11 de diciembre de 2016, 02:00h
Hay cosas que no consigo digerir, aunque estén permitidas, aprobadas y reguladas incluso, por la Organización Mundial de la Salud. Me refiero a la utilización de sprays en los aviones, antes de que salgan los pasajeros, para desinfectar la aeronave, después de un vuelo de larga duración, y por exigencia del País de Destino.

Somos capaces de inventar los más variados e insospechados artilugios para comunicarnos, incluso con vídeo conferencias de un extremo a otro del mundo (cosa que, por una flagrante ignorancia, nunca entenderé como puede conseguirse), y a la vez, somos capaces de meternos en un avión, viajar a otro País durante 8, 10 o más horas, y dejar que nos fumiguen antes de bajar, con un spray que la azafata agita, exhibe y dispara sin consuelo sobre las cabezas de los que, durante esas horas han compartido vida con toda la fauna bacteriana del vuelo anterior.

Pregunto: ¿No hay otro sistema menos humillante, menos traumático, menos molesto, menos ofensivo (quédense con el calificativo con el que se sientan más identificados), para eliminar esas bacterias del avión? ¿es necesario que se tenga que llevar a cabo esa desinfección, por mucho que lo exija la legalidad vigente en el País de destino, con una introducción, a través de los altavoces de la aeronave, que le hacen sentir a uno culpable por haber introducido, de forma inconsciente, alguna bacteria a bordo? ¿no sería más fácil, añadir al cúmulo de información manoseada (y, ahora lo sé, llena de bacterias moribundas), algo más de información relativa a los motivos por los que es necesario llevar a cabo esa desinfección; a los motivos de porque se debe llevar a cabo de esa manera, en ese momento y no otro distinto; y los motivos por los que esa desinfección a golpe de spray, es inocua para los pasajeros?

Con más información, el pasajero en vez de sentirse atacado, humillado por la desinfección en masa, se sentiría incluso partícipe del éxito de la misma. De igual forma que a uno le explican mil veces como abrir la puerta de la salida de emergencia, en caso de que dicha emergencia se dé, sabiendo a ciencia cierta de que cuando llegue el momento, no va a saber abrirla, pero se lo explican.

Siempre he defendido que la información, bien transmitida, conlleva mejores resultados que la política de hechos consumados. Paralelamente, la información, forma parte del bagaje de calidad de cualquier empresa. No es suficiente cumplir las nomas, para alcanzar la excelencia, sino que además hace falta algo de ingenio e inversión, para primar el bienestar y el respeto a las personas, por encima de la ejecución “robotizada" de formas de actuar que deberían ser objeto de revisión.
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