Desde primeras horas de la mañana, más de 70.000 Indianas e Indianos comenzaron a recorrer las calles de la capital palmera ataviados con trajes blancos, guayaberas, vestidos de lino, encajes, sombreros y maletas, mientras una intensa nube de talco envolvía plazas y avenidas al ritmo de habaneras, congas y sones cubanos.
La jornada arrancó a las 10:30 horas con el recibimiento de la Negra Tomasa y su familia en el Recinto Central del Carnaval, para continuar con el tradicional acto de “La Espera” en el atrio del Ayuntamiento. Posteriormente, se procedió al descubrimiento de la placa que renombró por un día la Plaza de España como Plaza de La Habana, en homenaje a la histórica vinculación entre La Palma y Cuba y al legado de la emigración palmera a la otra orilla.
El alcalde de Santa Cruz de La Palma, Asier Antona, destacó el carácter único de esta celebración. “Los Indianos representan nuestra memoria colectiva, la historia de tantas familias que cruzaron el Atlántico en busca de oportunidades. Hoy celebramos esa herencia desde la alegría, el respeto y la convivencia, demostrando que Santa Cruz de La Palma sabe mantener vivas sus tradiciones con orgullo y responsabilidad”, señaló.
Antona subrayó además el esfuerzo conjunto que hace posible una jornada de estas dimensiones. “Detrás de cada detalle hay un amplio dispositivo humano y técnico que garantiza que podamos disfrutar de un Carnaval seguro, organizado y a la altura de una fiesta que es referente en Canarias”, añadió.
Por su parte, el concejal de Fiestas, Raico Arrocha, puso en valor la proyección exterior del evento. “Cada año comprobamos cómo el Desembarco de Indianos trasciende nuestras fronteras. Miles de personas nos visitan para vivir una experiencia única, que combina parodia, historia y un profundo sentimiento de identidad”, afirmó.
Arrocha incidió en que “la Plaza de La Habana se convierte en el corazón simbólico de esta celebración, un espacio donde confluyen generaciones y donde la figura de la Negra Tomasa vuelve a recordarnos el carácter abierto, hospitalario y festivo de nuestro pueblo”.
El momento culminante llegó con la aparición de la Negra Tomasa, que descendió acompañada por la conga hasta el atrio de El Salvador, desatando el júbilo colectivo entre aplausos, música y una marea blanca que volvió a convertir la ciudad en escenario de una celebración multitudinaria.
Durante toda la jornada, diferentes espacios como la Plaza de La Habana, La Alameda, La Recova, Santo Domingo o la plaza José Mata acogieron actuaciones musicales y verbenas, prolongando el ambiente festivo hasta la madrugada.