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El nuevo paradigma electoral

sábado 14 de febrero de 2026, 14:22h

Los comicios autonómicos celebrados en Extremadura, a finales del pasado año, y Aragón, el pasado domingo, ambos con carácter adelantado, han abierto un nuevo ciclo electoral en España. Después de un movido 2024, con elecciones en Cataluña, Galicia y País Vasco, además de las europeas, 2025 fue un año de transición entre ambos periodos de encuentros con las urnas.

A partir de ahora, la nueva cita está fijada para el 15 marzo, con el examen electoral en Castilla y León, al que seguirá, antes del verano, el emplazamiento a los andaluces para la celebración del suyo. En el aire, la posibilidad de que algún otro presidente autonómico decida convocar a las urnas o que Sánchez se anime a finiquitar la legislatura, quedando en el horizonte de mayo de 2027 las locales y autonómicas en el conjunto del Estado.

La tendencia advertida en los distintos trabajos sociológicos, sondeos y encuestas publicadas reitera un cambio político en todo el ámbito del Estado. El crecimiento imparable de las huestes de Santiago Abascal, junto al mantenimiento de los populares que lidera Alberto Núñez Feijóo, podría suponer la suma suficiente que les garantizara más de 176 diputados, el guarismo que fija la mayoría absoluta.

El hecho político y sociológico más relevante de los últimos años es la paulatina normalización democrática de los planteamientos y postulados de una fuerza política como Vox. Este cambio de paradigma en la sociedad española acerca de la ultraderecha tiene mucho que ver con el fenómeno que viene sucediendo en Europa, donde cada vez se entiende con más normalidad, como un interlocutor más, a partidos de dicho espectro que aceptan respetar las reglas dictadas por la democracia.

En paralelo, todas estas fuerzas políticas siguen ganando representación en parlamentos y gobiernos, como consecuencia del creciente apoyo social que han ido conquistando. Buena prueba de todo ello la tenemos en países como Italia, Hungría, Polonia, Francia, República Checa, Finlandia o Alemania.

En España, ese crecimiento no solo tiene que ver con esa ola ultraconservadora extendida por Europa y por el mundo. Seguro que los seguidores de Abascal también están capitalizando el descontento social ante determinadas decisiones del Ejecutivo de Sánchez, que bien no se entienden o no se comparten. Y mucho tiene que ver la sumisión del Gobierno de España a los planteamientos de los partidos independentistas, y en su caso rupturistas, de Cataluña y el País Vasco.

Asimismo, la ausencia de una política clara y transparente en materia migratoria resta credibilidad al Gobierno de Sánchez y abona el terreno a los planteamientos restrictivos que defienden los ultraconservadores. Además, la situación se acrecienta por las dudas y falta de claridad que transmite el Partido Popular con respecto a los asuntos mencionados, lo cual incrementa todavía más el caladero de seguidores de Abascal.

A la vista de lo que sucede en Europa y de los resultados de Vox en Extremadura y Aragón, no parece que el electorado se asuste a la hora de votar al partido de Abascal. Parece un capítulo claramente superado. Si las reglas de la democracia han facilitado el apoyo de partidos independentistas y de extrema izquierda al Gobierno de Sánchez, por las mismas, desde el respeto a reglas idénticas, conservadores y ultraconservadores también se ven legitimados para articular sus alianzas.

En nuestro ámbito más próximo, habrá que estar muy atentos a los efectos electorales que puede tener en la política canaria el crecimiento sorprendente de un partido que, entre otras cosas, reniega del Estado Autonómico.

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