Una reciente investigación de la Universidad de La Laguna ha revelado preocupaciones sobre la seguridad de los suplementos de proteína vegetal (SPV) disponibles en Europa. Este estudio pionero, el primero en su tipo a gran escala, analizó un total de 56 productos adquiridos en gimnasios, farmacias y supermercados, centrándose en la presencia de elementos esenciales y metales potencialmente tóxicos.
Los hallazgos, publicados en el Journal of Trace Elements in Medicine and Biology, fueron realizados por un equipo del Grupo de Investigación en Toxicología Ambiental y Seguridad Alimentaria y Farmacéutica. Entre los investigadores se encuentran nombres destacados como Elena Bethencourt-Barbuzano y Dailos González-Weller. Además, colaboraron expertos de la Universidad Complutense de Madrid y universidades polacas.
Un mercado en expansión
El análisis surge en un contexto donde el mercado global de suplementos dietéticos ha experimentado un crecimiento notable. En 2023, este sector alcanzó un valor de 20.000 millones de dólares, con proyecciones que estiman que superará los 177.500 millones para 2030. Este aumento está impulsado por el creciente interés en dietas basadas en plantas y el incremento del número de personas vegetarianas y veganas.
A pesar de que estos suplementos son fuentes importantes de elementos esenciales como sodio, potasio y hierro, también se han detectado metales tóxicos como plomo, cadmio y níquel. Aunque las concentraciones son bajas, los investigadores advierten que el riesgo aumenta con la cantidad consumida, especialmente para aquellos que ingieren dosis superiores a las recomendadas.
Análisis del consumo y riesgos asociados
Para evaluar la exposición real a estos elementos, se analizaron tres escenarios: una dosis habitual de 30 g/día, un consumo elevado de 60 g/día y uno excesivo de 100 g/día. Los resultados indican que consumir 30 gramos diarios no supera los límites establecidos por organismos internacionales. Sin embargo, al alcanzar cantidades mayores, algunos elementos pueden sobrepasar niveles considerados seguros.
Por ejemplo, el molibdeno podría llegar a representar hasta un 250% de la ingesta adecuada en casos de consumo excesivo. Asimismo, hombres y mujeres postmenopáusicas podrían superar el 120% recomendado para el hierro si consumen 100 gramos diarios. Las mujeres también podrían exceder los niveles recomendados para cobre y magnesio bajo estas condiciones.
Diferencias según la fuente proteica
El estudio también evaluó el riesgo asociado al plomo mediante el método del Margen de Exposición (MOE), que relaciona la ingesta estimada con niveles críticos relacionados con efectos adversos. Los resultados sugieren que incluso en escenarios elevados, el MOE se mantiene superior a 1, lo cual indica un riesgo bajo para la salud. Sin embargo, los autores advierten que este margen puede disminuir si se combinan estos suplementos con otras fuentes dietéticas o si se consumen cantidades mayores.
Además, se encontraron diferencias significativas en las concentraciones de elementos esenciales y tóxicos según la fuente proteica utilizada en los suplementos. Las muestras basadas en soja o guisante presentaron variaciones notables en minerales como sodio y zinc, lo que sugiere que tanto el origen botánico como los procesos industriales influyen considerablemente en su composición final.
La necesidad de controles más estrictos
A pesar de sus beneficios nutricionales cuando se consumen adecuadamente, los suplementos proteicos vegetales pueden representar una vía involuntaria hacia la exposición a metales tóxicos. Por ello, es crucial fortalecer los controles de calidad y armonizar criterios regulatorios para fomentar un consumo responsable. La creciente popularidad entre vegetarianos, veganos e incluso deportistas hace imprescindible garantizar la seguridad alimentaria asociada a estos productos.