Mientras que el Gobierno del Estado aplicó medidas de contención a las subidas del IPC estos pasados años en el alquiler de vivienda habitual y residencial, con incrementos acumulados del 9,5% desde el año 2021 tras la pandemia. El alquiler de locales comerciales ha estado libre y los precios de los alquileres se han incrementado sin limitaciones, siendo un aumento superior al 30% en los mismos periodos.
La situación es especialmente preocupante en Canarias, donde el comercio y la hostelería de las zonas turísticas y capitalinas sufren con mayor intensidad el impacto del encarecimiento de los alquileres de los locales. La presión inmobiliaria, unida a la especulación y a la competencia desleal de grandes cadenas y fondos de inversión, está vaciando de identidad las ciudades y mermando la viabilidad de establecimientos de hostelería y pequeños comercios tradicionales.
“No es sostenible que se destine la mitad de lo que se ingresa solo a pagar el local. Esto está expulsando del mercado a emprendedores y negocios históricos que forman parte de nuestra identidad social y cultural. Si no se actúa, corremos el riesgo de ver desaparecer a buena parte del tejido empresarial canario que queda en los próximos años”, destaca Antonio Luis González, presidente de FEDECO Canarias.
Por su parte, Víctor Sánchez Cruz, secretario general de la Federación de Desarrolla Empresarial y Comercial de Canarias, añade: “El alquiler ya no es un gasto más, es una barrera estructural que frena la modernización, el relevo generacional y la creación de empleo en sectores clave como el comercio y la hostelería. Se necesita aplicar medidas: una regulación de precios en zonas tensionadas, ayudas directas al alquiler, bolsa de locales vacíos, la recuperación de locales públicos en desuso y un marco que garantice que los pequeños empresarios puedan seguir operando”.
Desde FEDECO Canarias se hace un llamamiento a las administraciones públicas, tanto autonómicas como locales, para que afronten con urgencia esta situación. El encarecimiento de los alquileres comerciales no solo amenaza la continuidad de miles de negocios, sino que también compromete la vida de los barrios, el empleo y la propia sostenibilidad de la economía turística y de servicios del archipiélago.