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«Olvidar lo aprendido»

Por Juan Pedro Rivero González
jueves 13 de enero de 2022, 05:00h

¿Qué es lo que sabemos? Sabemos lo que recordamos después de olvidar lo aprendido. Así han definido algunos la cultura. Cualquiera plantearía esta realidad al contemplar el afán de preparación de los exámenes de la convocatoria de febrero que realizan nuestros alumnos universitarios. ¿Qué les quedará en su memoria, no digamos en cinco años, sino en el próximo junio?

Algunos plantean la inconveniencia o inutilidad de las mismas pruebas o exámenes finales. Otros despiertan nuevas metodologías didácticas para que los aprendizajes sean significativos, innovando y generando espacios creativos de enseñanza. Sea como sea, lo cierto es que recordar es necesario, que la memoria es un recurso de nuestra inteligencia que, aunque sola no basta, con otros recursos intelectuales es fundamental.

Hemos ido perdiendo memoria. Ya no recordamos, en ocasiones, ni el propio número de teléfono. Son los inevitables efectos de la loca carrera digital que tiene tantos beneficios que, a penas, reconocemos sus desventajas. Perdemos la capacidad retentiva, porque no nos es necesaria. Y ya sabemos que lo que no se usa se deteriora. Como si fuera un músculo que se nos achica y contrae tras una fractura y un tiempo de escayola.

Si hay alternativas, como la agenda digital, o el buscador de internet o cualquier otra, valdría si viene en ayuda de nuestra necesidad de recordar. Pero es que nuestra pérdida de memoria modifica nuestra personalidad haciéndonos seres presentistas que descartan cualquier otro tiempo anterior al que nos ha tocado vivir. Como si todo comenzara y terminara con nosotros. Y para dimensiones fundamentales de nuestra vida es necesario hacer memoria.

No somos los primeros en pensar y preguntarnos por el sentido de la vida. Ya otros han trabajado ese suelo existencial. No somos los primeros que elaboramos cálculos matemáticos ni análisis químico de la realidad que nos rodea. No fuimos los primeros en ordeñar una vaca o en sembrar una huerta. Antes de nosotros ya otros han cuidado o descuidado nuestros montes. Si todo empieza y acaba conmigo la ecología no va a ser una bandera que haga ondear por un motivo serio. Si no existe cadena alguna al que se engarce el eslabón de mis brazos, qué más da todo.

Somos seres históricos. Nos subimos al tren en una estación, pero este viene de lejos. Nos tocará bajarnos en alguna estación, aun desconocida, pero el tren seguirá su camino. Formamos parte de una etapa. Un periodo concreto del tiempo. Pero no somos tan grandes e importantes como para reducir la historia a nuestro periodo. Ni para interpretar el conjunto desde nuestro minúsculo criterio de presente. Nos hace falta empatía histórica. Memoria y empatía histórica.

Todo esfuerzo por hacer memoria, por recordar, por ser empáticos y agradecidos con quienes antes que nosotros cavaron esta huerta en la que hoy recogemos los frutos, nos viene bien. Nos sitúa en nuestro justo lugar.

Así que, aunque sea duro y exija esfuerzo, en aras de recordar mucho de lo que aprendamos, sigamos convirtiendo las semanas antes de las convocatorias oficiales de exámenes, en tiempo para roturar y ampliar la dicha de tener memoria.

Juan Pedro Rivero González

Delegado de Cáritas diocesana de Tenerife

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