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Superviviencia

miércoles 07 de noviembre de 2018, 03:00h

De ella se hablaba por allá el 36, como una hijuela de las dos Españas que se enfrentaban. Y, a todas luces, cabe repetir esa llamada en los tiempos actuales. Contemplar como una esencia política se presenta en Alsasua a defender la Constitución y es recibida por «miles» de «aterrorizados» defensores de la anti España, al son del repique de campanas de la parroquia, significa visionar los dos bandos que se están creando, desde hace años. Y si en Alsasua es la Guardia Civil el pretexto, igual podría suceder en Gerona en donde hasta su obispo hace repicar las campanas de su voz para abogar en favor de la independencia catalana y la libertad de los «presos políticos». Y en medio de tal fervor anti sistema no hay ni una sola voz que, surgida del socialismo sensato, ose salir en plan de queja o de lamento ante la deriva que está tomando la política en nuestro país, gobernado desde el separatismo, el independentismo, el bolchevismo y con los presupuestos conservadores de hace dos años.

«La verdad real: estamos derrotados por nuestras propias culpas: por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos», palabras del «laico santo» Julián Besteiro, ante la rendición de los Prieto, Alcalá Zamora, y demás socialistas del momento, a la corriente estalinista imperante. Guerra habla, otros puedan pensar lo mismo, pero callan y dejan que surjan personajes como Ander Gil para conocer cuál es el verdadero sentir del socialismo español; aferrarse al poder caiga quien caiga y cueste lo que cueste. Esos charlatanes nos pretenden apabullar con eso de «devolver derechos y eliminar recortes», en lugar de «provocar crispación». Sin embargo para ellos el guerra civilismo, la ideología de género, el cambio de criterio según uno sea o no presidente, los ataques a la Iglesia, las anunciadas huelgas de jueces y fiscales, el abandono de la guardia civil en Navarra, las donaciones gratuitas al gobierno catalán separatista, la inacabable exhumación de Franco, los salarios y dobles derechos de paro a los presos, el bombardeo a los autónomos, las purgas de TVE y RTVE, los mocos del Mateo y la bandera, la bajada de cerviz de la Abogacía del Estado, la subida del paro, el anuncio del atraco con el impuesto de sucesiones, el incremento del gasto y del empleo públicos, todo ello y mucho más, no provoca crispación alguna. Media España está siendo asaltada por la otra media, y el socialista moderado de 1979 sigue impasible, manteniéndose en el poder, y sin recordar que no hay diferencia entre revolución y evolución, cuando ellos gobiernan.

La bolsa cae, la confianza del consumidor cae, la cartera de pedidos cae, las exportaciones caen, la inversiones extranjeras caen, España cae al puesto 30 en el ranking de facilidad de negocio y el bolchevique Iglesias se instala una puerta blindada con un coste de 6.000 euros. Entretanto el socialista, calla. Y el Rey, sonríe, no se sabe muy bien a qué ni a quién, pero sus sienes y su frente delatan que estos dos años le están pasando factura. Sobre sus espaldas más de quinientos años de historia reposan y requieren de su defensa. A fin de cuentas, la historia se repite. Ahí está el renovado Frente Popular al cual se agarra como gato panza arriba el actual presidente, merced a la mentira de prometer convocar elecciones, cuando en realidad está gobernando por Decreto. A su lado, el bolchevique Iglesias, arrasando todo cuanto le exige una fracasada ideología y requiriendo al gañan Sánchez que siga todas sus instrucciones. Y el socialista de pro, silencioso, contempla como no está gobernando sino el más puro régimen marxista que condujo a España a su desastre. La unión hace la fuerza, como la desunión provoca la debilidad. En estos momentos es lo que impera; mientras la arrejuntada ultra izquierda de Podemos, de I.U., de ERC, de CUP, permite que Sánchez, desgobierna España, el centrismo de Rivera, o de Casado, o la derecha de Abascal, reciben el insulto de ser la ultra derecha sectaria y dictatorial. Curioso que sí exista la ultra derecha y la ultra izquierda esté en el destierro mediático, siendo la verdadera rectora del desgobierno, incluso echando mano sin escrúpulo alguno a los presupuestos de la «maldita» derecha de Rajoy, para superar el escollo de no ser capaz de aprobar sus propios presupuestos. Entretanto, desde esa «inexistente» casta, la Abogacía del Estado es sometida, los jueces atenazados, los medios audiovisuales domesticados, las fuerzas de seguridad menospreciadas, los altos directivos de la seguridad nacional descabezados, el Congreso ninguneado, el Senado sorteado, y algunas voces se oyen señalando que el socialista Sánchez se ha contagiado del ultra Iglesias, produciéndose una traición al Estado, mientras resulta que no hay ni un solo ministro (género neutro) que no esté, impunemente, manchado por la corrupción o el nepotismo.

Dos son las supervivencias que están en juego, la de Sánchez y su Moncloa y la de España y su Transición. No hay medias tintas a la hora de defender una de la otra. Y en medio, la monarquía que no se preserva con lecturas de artículos constitucionales, sino con la exigencia de aplicación de la esencia de la Democracia, la división de poderes.
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