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Mónica, esto no solo es una huelga

jueves 26 de febrero de 2026, 14:52h

Lo que está ocurriendo con la huelga médica y el debate del Estatuto Marco no es un conflicto laboral más. Es un antes y un después en la sanidad pública. Es la manifestación visible de un sistema que solo se mantiene en pie porque quienes lo sostienen aceptan romperse en silencio.

En la vida toda decisión conlleva una renuncia. Tu desde el primer momento, optaste por favorecer todos los colectivos sanitarios (has sido fiel al sindicato afín ideológicamente), excepto a tus colegas, que son los actores principales de la sanidad pública, por su formación, liderazgo clínico y gestor, curva de aprendizaje, especialidad y por su responsabilidad legal, ética y clínica.

Todos los pacientes lo saben, pero tú has preferido obviarlo.

Has elegido el conflicto con el colectivo porque has preferido, por motivos ideológicos, a otros colectivos, tal como manifestaste al sindicato médico asturiano, en los albores de este conflicto. Pero calculaste mal la estrategia, no pensabas que la resistencia sindical médica iba a ser tan potente y sostenida en el tiempo.

El anteproyecto que aprobaste con sindicatos no médicos, sin legitimidad representativa en el colectivo ha sido un desprestigio social e institucional de los 177.000 médicos de la sanidad pública, cuyo impacto directo en la vida y la seguridad de los pacientes es determinante así como una exclusión injustificable de los actores principales de nuestra sanidad. No es razonable ni ético que unos sindicatos no médicos determinen el marco profesional específico del colectivo médico.

¿Como no íbamos a levantarnos en lucha por nuestros derechos, la profesión y la sanidad pública? Tanto tu como ellos, habéis leído mal nuestro silencio.

La sanidad española no se sostiene por planificación a largo plazo ni por excelencia institucional. Se sostiene porque hay médicos que siguen viniendo incluso cuando no pueden más. Porque hay profesionales que absorben errores, demoras y carencias como si fueran responsabilidad personal. Porque el sistema ha aprendido que el sacrificio médico es un recurso renovable.

Has echado un pulso, inicialmente, a la CESM, al SMA, al Foro de la profesión médica y luego al resto de sindicatos médicos y lo has perdido por goleada. Los pacientes están con nosotros y el gobierno lo sabe.

Tus relatos infoxicadores y sin brújula (simplemente has repetido unos eslóganes, que han sido amplificados por los seudotertulianos de la carpa gubernamental), no han calado. La última semana ha dejado una imagen política difícil de ignorar: una ministra cada vez más sola frente a un conflicto sanitario que no deja de crecer. Cinco días consecutivos de huelgas médicas no son un ruido pasajero; son el síntoma de un malestar estructural que el Ministerio de Sanidad no ha logrado encauzar. El problema para la ministra no es únicamente la protesta en sí, habitual en un sistema tensionado, sino la percepción de desconexión con el colectivo médico.

Durante estos días, los facultativos han repetido un mensaje claro: se sienten poco escuchados y escasamente representados en las decisiones que afectan a su ejercicio profesional. Cuando un ministerio pierde el pulso de quienes sostienen el sistema, la política sanitaria entra en zona de riesgo. Llegaste al cargo con un capital político singular: médica de profesión, conocedora del terreno y con credenciales de defensa de la sanidad pública. Precisamente por eso, la frustración del sector resulta más significativa. La expectativa era alta y, de momento, la respuesta percibida se queda muy corta. No has querido ni sabido.

El colectivo médico cree, que si no hubieras sido medico nos hubiera ido mejor.

Sola y amortizada políticamente. No lamentamos tu soledad, porque te la has ganado a pulso.

En política, estar amortizado no siempre significa haber fracasado, sino haber agotado la capacidad de generar confianza en un momento concreto. Y hoy la ministra parece moverse peligrosamente cerca de ese punto. No por falta de intención, sino por una acumulación de conflictos mal encajados y tiempos políticos que se acortan. Acéptalo, el reto de hacer un estatuto marco que fuera clave para resolver el talón de Aquiles de la sanidad de 49 millones de españoles (deterioro progresivo por falta de médicos y facultativos), te ha superado. Pedro Sánchez todavía puede rectificar.

La sanidad española necesita menos trincheras y más interlocución real. Si el Ministerio logra reconstruir puentes con los profesionales, el episodio de estas huelgas quedará como un bache serio pero superable. Si no, la imagen de soledad que se ha proyectado estos días puede consolidarse y convertirse en un problema político mayor. Porque en sanidad, como en política, la autoridad no se impone: se construye escuchando. Nos has echado un pulso y has perdido. Solo hay una persona que pueda parar las huelgas venideras y así ahorrar a los pacientes, el gran impacto asistencial: Pedro Sánchez.

Tenemos el apoyo de los pacientes, porque nos hemos ganado su confianza. Desde la pandemia, la dana, la catástrofe ferroviaria, desde los servicios de urgencia saturados y desde la sobrecarga asistencial en la atención primaria. Siempre estamos. Aunque eso nos cueste la vida (171 médicos muertos en activo en la pandemia), la salud y la conciliación con la vida familiar.

Y de nuevo nuestras disculpas a los pacientes. Gracias por su apoyo y comprensión.

Por eso hoy, tras el éxito de las huelgas y movilizaciones, estamos en victoria transitoria porque nunca hemos elegido estar en doma.

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