Es más que probable que con las elecciones en Castilla y León, convocadas para el próximo 15 de marzo, y las de Andalucía, previstas para el mes de junio, se cierre un ciclo que nos colocará ante la gran cita con las urnas del mes de mayo del 2027, cuando toque celebrar en toda España las municipales y autonómicas.
Indudablemente, este previsible calendario queda sujeto a que Pedro Sánchez mantenga su hasta ahora firme decisión de llevar las elecciones generales al mes de junio del próximo año. De momento, ni el frágil apoyo que le prestan sus socios parlamentarios, ni la demanda interna de sus alcaldes para que las convoque antes que las municipales han torcido su voluntad.
En poco más de un año, en Canarias nos situaremos ante las urnas para elegir a nuestros representantes en ayuntamientos, cabildos y Parlamento. En los cuarteles generales de todos los partidos se empieza a trabajar en torno a estrategias, programas y candidatos, sin que puedan mimetizarse los comportamientos electorales que están teniendo lugar en aquellos territorios donde se han ido celebrando elecciones, por la sencilla razón de que los mismos son muy irregulares.
En Galicia, un singular Partido Popular arrasó una vez más, renovando su mayoría absoluta. El galleguismo practicado por los populares desde que Manuel Fraga lideró la Xunta, les permite sumar de todos los espectros sociales y políticos, mientras que el fracaso de Vox es una consecuencia del buen hacer de las huestes que ahora lidera Alfonso Rueda. El resultado espectacular del Bloque Nacionalista Gallego (BNG), que relegó a los socialistas a la tercera posición, puede valer como referencia para los partidos canarios.
En el País Vasco, las últimas autonómicas celebradas ratificaron con meridiana claridad la confianza de los electores en sus partidos. Bildu y PNV suman 54 de los 75 diputados que se sientan en su parlamento. Asimismo, llama la atención la caída de los socialistas y el escaso espacio que los vascos le dejaron al partido de Santiago Abascal.
En Cataluña, el peso específico del que goza el PSC dentro del socialismo liderado por Sánchez, junto al mensaje integrador y lleno de sentido común de Salvador Illa, le valió para la obtención de un resultado incontestable. A destacar también la fortaleza del nacionalismo catalán.
El comportamiento electoral de gallegos, vascos y catalanes supone una clara expresión de la diversidad del Estado español, tanto desde el punto de vista
sociológico como político. En ausencia de partidos nacionalistas fuertes y consolidados, han sido Extremadura y Aragón los primeros territorios donde se ha
hecho evidente el crecimiento espectacular de Vox.
El partido de ultraderecha ha recogido a los descontentos con el Gobierno de Sánchez y con la dubitativa oposición ejercida por Núñez Feijóo. Todo apunta a que, en Castilla y León, en marzo, y en Andalucía, en junio, se repetirá el dibujo electoral, continuando el desplome electoral del PSOE y el avance de los seguidores de Abascal.
¿Podría ser extrapolable a Canarias el comportamiento electoral que están teniendo gallegos, vascos, catalanes, extremeños o aragoneses? En el Archipiélago tenemos un partido nacionalista fuerte y consolidado, como es Coalición Canaria, que podría ser el receptor de los votantes decepcionados tanto con el PSOE como con el PP.
Pero el nacionalismo centralista español que representa Vox halla en las Islas a determinados sectores de la población importada que pueden sentirse más cercanos a su modelo territorial y social, por encima del trato singular que reclama Canarias dentro del Estado.
Aunque resulte paradójico, no cabe duda de que en las Islas siguen existiendo sectores de nuestra población que no han superado el “complejo del colonizado”, como consecuencia de estructuras de la Administración inadaptadas a nuestra realidad política y socioeconómica, lo mismo que de poderes económicos y mediáticos que sintonizan mejor con el centralismo que con la realidad insular y alejada de la España peninsular.