En casa había dos mapas grandes que se desenrrollaban y se colgaban en la pared. Uno era de los reyes godos y estaban todos esos que flanquean una avenida del Retiro. Los cantábamos por orden para memorizarlos. Ataulfo, Recesvinto, Chindasvinto. No sé nos quedaba ninguno atrás hasta llegar a don Pelayo. No eran de la época de Franco, eran anteriores, de cuando mi padre era niño. Nosotros veníamos del rey Fruela, que se hizo famoso por matar un oso en Asturias. Esta España es muy antigua. Antes estuvieron los romanos, y antes de los romanos, otros.
El otro mapa era de geografía y había ríos, lagunas, montañas, cabos y golfos. Eran los golfos geográficos, porque los otros venían en el Espasa pelados al rape. Había una foto de uno vestido con un batín del reformatorio, bastante feo, que tenía por título: tipo de golfo adulto, como si se tratara de un animal. Los reformatorios estaban llenos de ellos, y lo que llamaban misiones, que eran centros de redención donde encerraban a los homosexuales después de aplicarles la ley de vagos y maleantes, también.
En ese mapa se explicaba el ciclo de la lluvia y se veía cómo las nubes la recogían del agua del mar y luego la precipitaban cerca de los manantiales de donde salían los ríos. Aquí no había ríos y el único ejemplo que tenía a mano era un gran charco que se formaba en la plaza del Cristo y se quedaba todo el invierno, impidièndonos jugar al fútbol, en connivencia con la actividad docente que limitaba esas actividades al periodo de vacaciones. Ahora vuelve a llover como antes y las nuevas generaciones lo interpretan a su manera, de la misma forma que dicen que no votaron la Constitución y por eso no les pertenece y la quieren cambiar. Esa lluvia no es la de ahora, dicen. Pero ya venía en el mapa que estaba en casa y mi padre conservaba de cuando iba al colegio, igual que los reyes godos, que estuvieron aquí de toda la vida. Sisebuto, Wamba, Ervigio... Me los sabía todos, y, si me pongo, soy capaz de recitarlos, igual que hago con el credo en latín para pasar un huevo.
Mi padre nos compró un teatro donde se podían representar obras y se cambiaban los decorados. Arturo van den Eynde me dijo que ellos tenían uno igual. Luego descubrí que era un buen sistema de aprendizaje, como dice Goethe en su Wilhem Meister. En fin, son cosas antiguas que ya no se usan. Nunca sabré qué es mejor. Tengo la confianza de que por más que se diga seguimos siendo prácticamente los mismos, desde antes de los reyes godos Hermenegildo y Leovigildo, que fueron el origen de las hermanas Gilda, del dibujante Vázquez, y que salían en la cabalgata con Carpanta, doña Urraca y los reyes católicos. Ahora lo hace Pepe Benavente con una carroza para él solo cantando lo del gallo sube. Antes que él lo usábamos Los Sabandeños como estribillo de isa. Nada hay nuevo bajo el sol. Lo que cambia siempre es culpa de un historiador que lo descubre y lo cuenta de otra manera. Yo, pobre de mí, solo dispongo de mi memoria y eso no sirve para nada: mi palabra contra la de todos ustedes.