La investigadora posdoctoral del grupo de Biodiversidad y Conservación (BIOCON) del instituto universitario ECOAQUA, perteneciente a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Inma Herrera, destaca que cuando “pensamos en los efectos del cambio climático en el mar, solemos imaginar corales blanqueados, especies de peces desplazándose hacia aguas más frías o el aumento del nivel del mar”. Sin embargo, precisa, “uno de los cambios más profundos está ocurriendo a una escala casi invisible: en el zooplancton, un conjunto de pequeños organismos que flotan en la columna de agua y sostienen buena parte de la vida marina”.
Se trata de una de las afirmaciones principales que vertebran un nuevo artículo de la también doctora en Ciencias del Mar de la ULPGC, publicado recientemente en la prestigiosa revista de divulgación científica The Conversation bajo el título ‘Las diminutas criaturas marinas que pueden amplificar los efectos del cambio climático en los océanos’, que se puede consultar en el siguiente enlace: https://theconversation.com/las-diminutas-criaturas-marinas-que-pueden-amplificar-los-efectos-del-cambio-climatico-en-los-oceanos-272627
Herrera asegura que, aunque apenas se perciban a simple vista, “estos seres reaccionan con rapidez a variaciones ambientales”. Funcionan -dice- como indicadores especialmente sensibles del estado de los ecosistemas marinos y de los efectos del calentamiento global. De hecho, las comunidades planctónicas ya están mostrando respuestas detectables a eventos extremos como las olas de calor marinas, con consecuencias potenciales para toda la red trófica oceánica”.En el artículo, en el que también ha participado en su elaboración Mélisande Payet, estudiante ERASMUS+ del Máster en Ciencias Marinas de la Université de Toulon, la investigadora de ECOAQUA señala que el zooplancton ocupa una posición clave en los océanos, conectando la producción primaria del fitoplancton –diminutos seres vivos fotosintéticos– con niveles tróficos superiores como peces, aves y mamíferos marinos. “Por su abundancia, destacan unos pequeños crustáceos, los copépodos, que dominan gran parte de las comunidades planctónicas marinas y reflejan con gran sensibilidad las condiciones ambientales”, explica.
Indicador del cambio climático
En palabras de la investigadora, “el aumento de la temperatura del océano, la acidificación y las alteraciones en la circulación marina están modificando la composición y la distribución del zooplancton a escala global, tal y como recoge la tercera Evaluación Mundial de los Océanos de Naciones Unidas. Muchas especies sobreviven en rangos térmicos estrechos, por lo que el calentamiento del agua afecta directamente a su supervivencia y a sus ciclos reproductivos”.
En regiones como Canarias, expone, “los cambios observados en la estructura de las comunidades planctónicas sugieren que las especies más sensibles están siendo progresivamente sustituidas por otras más tolerantes al calor. Esto supone, además, una posible reducción de ladiversidad del ecosistema”.
Según Herrera, las olas de calor marinas no solo afectan al zooplancton ya que “episodios prolongados de temperaturas anómalamente altas pueden alterar el comportamiento, la fisiología y la distribución de numerosos organismos marinos, amplificando los efectos del cambio climático en los ecosistemas costeros.
Sería el caso del cangrejo azul, que en el Atlántico oriental, se ha observado que su respuesta es especialmente sensible a estos eventos térmicos extremos. “Estudios recientes, detalla la investigadora, muestran que el desarrollo embrionario de esta especie presenta límites térmicos superiores claros, que podrían verse superados bajo escenarios de calentamiento futuro”.
En palabras de la científica de la ULPGC, “estos resultados confirman que las olas de calor marinas actúan como factores de estrés agudos, capaces de modificar rápidamente las poblaciones de crustáceos y de favorecer especies más tolerantes al calor frente a otras menos resilientes”.
Canarias, laboratorio natural
En el artículo, la investigadora del grupo BIOCON de ECOAQUA asevera que “las islas Canarias están influenciadas por la corriente de Canarias, de aguas frías, y los procesos de afloramiento o surgimiento de aguas profundas que aportan nutrientes y sostienen una elevadaproductividad biológica. Durante décadas, las comunidades de zooplancton se han adaptado a este equilibrio oceanográfico, caracterizado por una marcada variabilidad espacial y estacional”.
Sin embargo, “el aumento de la temperatura del mar y la mayor frecuencia de olas de calor marinas están alterando estos patrones. Estudios recientes muestran que la composición y abundancia del zooplancton pueden cambiar incluso en espacios protegidos, lo que pone de manifiesto la vulnerabilidad de estosecosistemas frente al cambio climático”, afirma Herrera.
Además de los fenómenos climáticos, eventos geológicos sucedidos recientemente también pueden modificar de “forma significativa la dinámica del zooplancton”. En este sentido, tras la erupción del volcán submarino Tagoro, en la isla de El Hierro, “se observa que las comunidades planctónicas experimentaron cambios detectables en sus fuentes de carbono y en la estructura trófica”, argumenta.
Alteraciones de la cadena alimentaria
Herrara asegura que las alteraciones del zooplancton producen efectos en cascada sobre el ecosistema marino. “Una reducción en su abundancia o en su calidad nutricional afecta directamente a peces y otros organismos que dependen de él, especialmente durante sus primeras fases de vida”, esgrime.
Además del cambio climático, explica, “al zooplancton le afectan otras presiones humanas emergentes”. En este sentido, un estudio recienteha demostrado que el copépodo Pontella mediterranea puede ingerir y retener microplásticos, actuando como vector de transferencia de estos contaminantes dentro de las redes tróficas marinas.
En este contexto, enfatiza la investigadora, la última Evaluación Mundial de los Océanos “advierte que las alteraciones en el plancton, incluido el zooplancton, pueden amplificar los efectos del cambioclimático sobre la productividad marina y la seguridad alimentaria,especialmente en regiones costeras y sistemas insulares. La falta de series temporales largas en muchas zonas, como el Atlántico oriental, refuerza la necesidad de programas de seguimiento continuado que integren observaciones locales en evaluaciones globales”.
En este sentido, concluye Herrera, iniciativas científicas como el proyecto IMPLACOST, para abordar los efectos del cambio climático en Macaronesia y zonas costeras de África, proporcionan un marco clave para relacionar cambios fisicoquímicos del medio marino con respuestas biológicas, facilitando la integración de datos ambientales con indicadores ecológicos como el zooplancton.