“Ha habido un discurso independentista que quizá era excluyente, incluso ofensivo”. Esto dice Rufián en un intento de amortiguar el posible rechazo de su liderazgo en una operación de reagrupación de la izquierda dispersa. Hay quien piensa que el fracaso de esa izquierda no está en la obsolescencia de algunos de sus planteamientos ideológicos, sino que obedece a cuestiones de técnica electoral, que también.
Rufián se pone la piel de cordero como si con eso disfrazara su condición de desafección por un país que ahora pretende dirigir, o al menos colaborar para su recuperación. Es difícil de explicar, pero es así. La razón de su liderazgo se basa en su popularidad y su valoración personal debida a ciertas actitudes originales en su actuación parlamentaria. Lo de sacar una impresora en el escaño se puede considerar tan populista como ver a Milei blandir una motosierra en un mitin.
Estas maniobras provenientes de Barcelona no han tenido mucho éxito. Recordemos a la operación Roca, donde se pretendía el triunfo de la moderación, un equivalente, por la derecha, de la implantación del exabrupto y la insurrección por parte de la izquierda. Históricamente solo hay una influencia catalana en Madrid en los tiempos de la Primera República, con Pi y Margall, y en la incorporación al Gobierno de un miembro de la Lliga, en la época de Cambó, pero de esto hace muchos años y las cosas eran diferentes, a pesar de que muchos afirman que en la política española nada a cambiado. Si esto es cierto, es la demostración de que estas maniobras no progresan.
Eduardo Delgado, de Más Madrid, dice que la reunión que ha propuesto para el próximo día 28 es solo un acercamiento para buscar posiciones comunes. No demuestra un mayor entusiasmo. Madrid y Barcelona en la misma mesa buscando otra versión del proyecto de normalización. La duda es si esta necesidad de entendimiento se debe al fracaso de Podemos y otros grupos en los últimos comicios autonómicos, o en realidad se trata de la debilitación del bloque de izquierdas, a remolque de los resultados nefastos que obtienen los socialistas. No parece que sea así, porque la desaparición de Podemos, en Aragón, se compensa con el crecimiento de la Chunta, y en Galicia los del BNGA han sorpasado al PSOE, o casi.
Lo de Rufián tiene un riesgo y es que la dulcificación de su independentismo puede ser aprovechada por Junts para recuperar el liderazgo en la política secesionista catalana. Me imagino que esto lo deberá tener en cuenta Junqueras, que es más estratega y menos numerero. En la prensa no se nota demasiado fervor ante esta noticia. Algunos dirán que es una cortina de humo. En España, de un tiempo a esta parte, todo lo que sucede es una cortina de humo. Tanto es así que parece que una cortina tapa a la otra. Lo de los trenes ha desviado la atención del trayecto Madrid-Sevilla, para trasladarlo a la línea que comunica a la capital con Zaragoza y Barcelona. Ahora la noticia se ubica en el antiguo reino de Aragón. Todo pivota en esta España de la asimetría federal, o del federalismo asimétrico, si prefieren, en torno a la resistencia a salir de un problema de carácter planetario. El debate está entre Donald Trump y Bad Bunny, y no es eso. Ninguno de los dos.