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Solo por uno

Por Daniel Molini Dezotti
jueves 12 de febrero de 2026, 12:41h

La semana pasada una doctora me regaló un artículo, y a pesar de no haberle agradecido su buena letra, esta semana me regaló otro.

Ignoro la razón que tiene esta colega para compartir conmigo novedades de la Fundación Pablo Hortsmann, que desde el Hospital del Condado de Lamu, en Kenia, intenta convertir dolores en sonrisas y enfermedades pediátricas, leves, moderadas, graves y muy graves, en salud.

La doctora, reincidente, “aterrizó” en mi buzón, con un correo electrónico que me removió lo poco que me queda de sensibilidad, y que, por suerte, de vez en cuando es abonada con noticias como las que voy a referir, asumiendo una indiscreción que puede ser delictiva.

Se trata de una carta, en la que una cardióloga italiana que trabaja en España, pero con una estancia en África rastreando patologías en infantes, daba cuenta de un traslado heroico desde Lamu a otro centro, a más de 1000 kilómetros de distancia, por caminos difíciles y en una ambulancia que llevaba con orgullo ese nombre, a pesar del poco espacio para sus ocupantes.

La doctora, en un momento que le dejó libre un desplazamiento a Mukuru, escribía a la Fundación Pablo Hortsmann (FPH), con un estilo que ya quisiera yo que fuese mío.

“Querida Ana y todo el equipo de FPH: Llegué a Nairobi hace unas horas desde Lamu y quisiera compartir con ustedes una actualización sobre W, el paciente del que han oído hablar tanto durante los últimos dos meses.

La familia de W es de Tana River. En un principio, en otro centro les informaron que la enfermedad de su hijo —cianosis severa y niveles de oxígeno en sangre muy bajos— podía tener un origen cardíaco, pero no podían costear una consulta de cardiología en Mombasa. Después de varios meses, un amigo de la familia les sugirió que en el Hospital del Condado de Lamu (LCH) podrían obtener un diagnóstico y el niño recibir atención médica de forma gratuita.

Por esa razón, la madre decidió viajar a Lamu. A pesar de no contar con un cardiólogo en el lugar, pudimos llegar a un diagnóstico definitivo mediante tele medicina: tetralogía de Fallot.”

En un par de párrafo que siguen, la firmante, de nombre Francesca, con una precisión clínica que yo me atrevo a “traducir”, explica que por culpa de esos problemas en el corazón, pulmones y grandes vasos, W no tenía suficiente oxígeno en la sangre, que por ello padecía crisis preocupantes de cianosis y una dificultad respiratoria tan profunda que impedía ser traslado a España.

La especialista continúa: “En ese momento, como saben, empezamos a explorar opciones quirúrgicas alternativas. Tanzania surgió como una posibilidad, y la Fundación recaudó generosamente los fondos necesarios para que W pudiera operarse allí. Sin embargo, esa opción terminó descartándose.

Durante dos meses W permaneció al cuidado de LCH, requirió ingreso en la UCI, ya que continuaba presentando frecuentes crisis que necesitaban una vigilancia estrecha y un manejo intensivo, incluyendo la administración de morfina, oxígeno y perfusión de líquidos.

La semana pasada, sufrió una crisis cianótica que duró más de cinco horas. Fue una situación extremadamente angustiante, y en ese momento sentimos verdaderamente que podíamos perderlo en cualquier instante.”

“Junto con Aisha, hablamos con su madre. Ella expresó lo desesperanzada que se sentía y nos hizo una sola pregunta: “¿La enfermedad de mi hijo tiene cura?”. En mi mente, la respuesta era “Depende de dónde hayas nacido”, pero, por supuesto, lo que le dije fue: “Sí, tiene cura, y estamos haciendo todo lo posible para encontrar una opción quirúrgica”. Todo el equipo estaba profundamente preocupado.

Al día siguiente, el Sr. Stephen nos informó sobre una posible opción en un hospital del que nunca había oído hablar antes (el Hospital Tenwek, en Bomet) y me animó firmemente a intentarlo.”

“Enviamos todas las imágenes de ecocardiografía y el informe médico, y el equipo de cardiología pediátrica aceptó evaluarlo. Aisha organizó la ambulancia para el lunes, y W viajó acompañado por su madre, el Dr. Solomon y Javi. Fue un trayecto increíblemente largo y agotador: 15 horas en un espacio muy reducido y en movimiento. Durante el viaje W tuvo episodios de hipoxia que se manejaron con éxito.”

“Finalmente llegaron a Bomet, y ahora está ahora ingresado allí, a la espera de la cirugía la próxima semana. Nuestros héroes regresaron a casa después de otro viaje de 15 horas.”

“Aún no sé cómo resultará la cirugía, pero siento profundamente que este caso demuestra cómo el equipo de FPH realmente le ofreció a este niño, a su madre y a su familia una oportunidad que todo niño merece.

El equipo local, los médicos y enfermeras cooperantes presentes y pasados, Aisha, el Sr. Stephen, los donantes, todos desempeñaron un papel esencial.”

Al mirar la foto que envió Javi, uno se pregunta cómo pudo soportar esa madre un viaje así con su hijo en esa posición. Y también se ve la mirada del Dr. Solomon, profesional y llena de cuidado. Me siento profundamente agradecida de ser parte de este equipo y de la Fundación Pablo Hortsmann por acompañar a W y a su madre. Como siempre dicen: ¡solo por uno!”

El artículo, redactado por valientes, concluye. Ahora comienza el mío: ¡Gracias, campeones! Mientras haya gente que se preocupe de hacer todo, aunque sea para uno, la humanidad tiene futuro.

Francesca, Carmen, Elia, Javi, Nuria, Solomon, Aisha, Sthepen, Ana, María, donantes, trabajadores de la Fundación Pablo Hortsmann https://www.fundacionpablo.org y todos lo que hacen posible que la vida pueda seguir llamándose de ese modo, ¡gracias por inspirar!

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