La marca El Rebusco nació en 2010 como continuación de una tradición familiar vinculada a la actividad agraria que se remonta a los bisabuelos de Javier Luaces y Deborah Díaz, propietarios de fincas en las zonas altas de Arafo y Candelaria.
Con la incorporación de ambos jóvenes al proyecto en 2020, la empresa inició una nueva etapa orientada a la modernización de los procesos productivos, la incorporación de maquinaria y la ampliación de sus instalaciones. Estas actuaciones han permitido consolidar un proyecto más ambicioso, dirigido a elaborar vinos de calidad, poner en valor la riqueza vitivinícola y el entorno natural de la comarca, y divulgar la historia y la cultura vinculada a esta actividad del Valle de Güímar.
Entre sus iniciativas más innovadoras se encuentra su proyecto de bodega submarina, considerada la primera instalación modular permanente de Canarias destinada al control y envejecimiento del vino bajo el mar. Con capacidad para 5.000 botellas, permite conservar los vinos a 18 metros de profundidad, sometidos a unas condiciones singulares de luz, humedad, temperatura y presión, así como al movimiento continuo de las mareas. Según sus responsables, estos factores influyen en la evolución de los vinos y favorecen el desarrollo de su potencial aromático y una textura más suave.
Actualmente, las instalaciones cuentan con capacidad para producir 30.000 litros de vinos blancos, rosados y tintos. La bodega trabaja fundamentalmente con uva procedente de sus propias fincas, que complementan con producciones adquiridas a otros viticultores de la comarca, contribuyendo así a generar actividad económica en el entorno.
Sus vinos, amparados por la Denominación de Origen Protegida Valle de Güímar, se comercializan principalmente en Tenerife, a través de establecimientos especializados y restaurantes seleccionados directamente por los responsables de la bodega. La empresa prescinde de distribuidores para mantener una atención personalizada, mientras que aproximadamente el 10 % de su producción se destina a otras islas y a la Península.
Su proyecto destaca también por su apuesta por la diversificación y el enoturismo. La bodega desarrolla, en colaboración con profesionales de la gastronomía y la cultura de Canarias, un programa de actividades que incluye talleres de cata, jornadas gastronómicas centradas en productos locales, participación en celebraciones tradicionales y rutas teatralizadas. En los últimos años, sus instalaciones han recibido visitantes procedentes de más de 30 países.
Esta apuesta se extiende a otras producciones agrarias. A comienzos de este año, la empresa comercializó su primer aceite de oliva virgen extra, que agotó sus existencias en cuatro meses. Tras la acogida obtenida, sus responsables prevén dar continuidad a esta línea de producción y reforzar así su estrategia de diversificación.