La falta de movilidad viaria y de vivienda suficiente para todos, es uno de los mayores perjuicios para el bienestar de los ciudadanos. Cuando las carreteras, el transporte público y las conexiones no responden a la realidad del tráfico existente, las personas pierden horas cada día en desplazamientos interminables. Ese tiempo gastado inútilmente afecta a la vida familiar, al descanso y también a la productividad económica.
A esto se suma la escasez de viviendas accesibles, ahora las llaman asequibles, que obliga a muchos a vivir cada vez más lejos de su lugar de trabajo. Como consecuencia, aumentan los desplazamientos, la congestión, la frustración y enfado social generalizado. La ausencia de una planificación ejecutiva eficaz en movilidad y vivienda genera desigualdad, frena el desarrollo económico y deteriora la calidad de vida de miles de personas que solo aspiran a vivir y trabajar con dignidad.
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