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Un hombre bueno que rebuscó en los corazones

Por José Luis Azzollini García
lunes 15 de junio de 2026, 10:13h

Llevábamos muchos meses oyendo hablar de la llegada del Papa León XIV, y entre tanto hemos sido testigos de la gran cantidad de mensajes, reuniones, proyectos, movimientos de seguridad y todo tipo de comentarios de gente con y sin autoridad para emitirlos. Sin duda alguna la venida a tierra española, del representante actual de San Pedro, era todo un acontecimiento y como tal, parecía lógico que removiera más de un cimiento.

Desde el primer día, la visita ha ido dejando unas realidades que son dignas de recuerdo. La frase que hizo suya volviéndola a primera persona, pero dejándola también abierta a que otro buen montón de gente hiciera lo mismo, no tiene desperdicio. Alguien le dijo, Su Santidad “quién viene a Madrid, es de Madrid”; y el Papa, se nacionalizó madrileño. También, la visita, nos dejó en el corazón, otra frase que mucha gente debería repetir cada vez que con la mano derecha, se da golpes en el pecho y con la otra está machacando al prójimo: “No podemos arrodillarnos ante el Señor y despreciar a tu hermano”.

Las calles abarrotadas de gente ha sido la tónica. Un gentío que no ha querido perder la oportunidad de poder decir: “yo lo vi muy cerca”, “a mí me saludó”, “conseguí tocarle su mano”, “bendijo a mi bebé”, etcétera, etcétera. ¿Estamos ante una figura del rock o del cine? ¡Ni mucho menos! Es más, alguna figura de la cultura y del arte, le/nos emocionaron con su buen hacer. En el Parlamento, alguien contabilizó los siete minutos que duró el aplauso en el Congreso. ¿Qué esperaban? Este hombre bueno, ha leído su mensaje, mostrado sus manos abiertas para quien lo deseara hacer suyo. A nadie dejó de nombrar entre líneas y cada uno cogió lo que pensó que era para él. Por primera vez, en mucho tiempo, sentimos que, en el Hemiciclo, se puede hablar, devolviendo un respetuoso silencio de escucha. El Papa, convenció y en “su” Bernabéu, marcó un golazo por toda la escuadra. ¡Un gol de humanidad!

Después de la visita a la capital de España, le tocaba el turno a la segunda ciudad en importancia poblacional, del territorio nacional. Y, en esa ruta, había temor, a tenor del incidente nada protocolario de la Señora Nogueras -para unos, un Momentazo patriótico y para otros, entre quienes me cuento, un acto de una pésima educación e inoportuna interpretación del protocolo con el que dejó que, se pasaba por “sus inglés”, todo lo que él ha venido predicando de “unidad”- ¡Dios le modifique su fanatismo!

Barcelona, que sabía que no era el “momento independentista”, llenó sus calles con banderas mayoritariamente del Vaticano y, en lugar de los pitos que pidió el “político fugado”, el Papá volvió a encontrase con mucha, ¡muchísima gente! celebrando en un castellano alto y claro la presencia de un hombre que habla de paz y armonía. Fuimos testigos de cómo hablaba de perdón y de amor, cuando la joven Desiré, le contó su dramática historia. Buscó un hueco para estar cerca de esas personas para quienes pide atención. Su visita a un centro penitenciario, mostró al mundo que, quien está en la cárcel, también merecen esa atención que muchos dejamos de lado. Otro gran punto, de su visita a la ciudad catalana, fue al barrio de El Rabal; un lugar poco frecuentado por el turismo. Su visita culminó con una misa en esa maravilla de la arquitectura que es la Sagrada Familia, obra del Sr. Gaudí, -paisano de quienes hablan inglés o italiano, fuera de su Comunidad-. Celebración acompañada por un coro de más de seiscientas voces que conseguían poner los pelos de punta. Pero el momento que nos llenó, a muchos, los ojos de lágrimas fue cuando la pequeña Valentina, -una pequeña niña con discapacidad visual- ofreció una magnífica lección sensorial al explicar en castellano y desplazando sus manitas por una maqueta, todas las partes que componen la cruz que corona la gran catedral. Su periplo catalán, culminó con un gran espectáculo audiovisual de Igor Cortadellas, que acompañó a la inauguración y bendición papal de la Torre de Jesucristo.

Terminada su visita a la España continental, la comitiva vaticana, se desplazó -vehículos incluidos-, hasta territorio insular canario. En Gran Canaria, su visita destacada, como no podía ser de otra manera, fue al puerto de Arguineguín. Él no llegó en patera pero, su presencia, recordó a toda la gente que sí que lo tuvo que hacer en su momento. Su visita a este puerto, no se ha de entender como una naturalización de la forma de entrar al país; pues entre otras cosas, el Papa, en todo momento deja claro que la verdadera ayuda debe ser prestada en los países de origen. El detalle entregado por el Cabildo de la isla, una brújula que fabricada en China, llegó a tierra africana y tras pasar por este puerto, ahora irá al Vaticano, deja claro el mensaje de “respeto” y “dignidad” que el Papa pretende que se le preste a quien llega en patera.

Su visita a Tenerife del viernes, también tuvo como primera parada, el campamento de Las Raíces -el Papa Francisco, ya usó este nombre para hablar de migración- donde el Santo Padre, pudo empaparse de la realidad que viven quienes vienen de esta forma irregular a la isla, y de quienes les prestan su ayuda y acogimiento. La televisión nos dejó la evidencia de lo emotivo del momento, hasta dejarnos contagiar por la acongoja del comentarista de la TVC.

En la Plaza del Cristo, el mensaje tanto verbal como musical, nos trasladó al sentir de la gente que nos ha llegado de fuera. El Papa, siguió pidiendo el respeto y la dignidad para ellos y ellas y volvió a hablar de humanidad; pero, también, pidió responsabilidad para la población migrante para adecuarse a las normas locales.

Tras descansar un poco, en El Obispado, y volver a cargar las pilas que le transmitieron las miles de personas que gritaron su nombre en las calles de La Laguna, la comitiva, se trasladó a la capital de Tenerife, por unas vías que también se llenaron de gente que saludaba y daba la bienvenida del pueblo chicharrero. Y, ese recorrido, le llevó al recinto que supondría el final de su estancia en España. La explanada del puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde le esperaban las autoridades nacionales y locales, y más de más de treinta mil personas, fue el lugar elegido para despedir a este Hombre de paz que nos ha visitado y a muchos, ha hecho recuperar bastante de la Fe perdida en la Iglesia. Destaco, los silencios de respeto cuando hablaba el Papa. El Rey y autoridades le despedirían, por dos veces, en Los Rodeos. ¡Buen regreso su Santidad!

Es posible que con el tiempo, el mensaje del Papa, se nos mezcle con otras realidades más mundanas y eso haga parecer que no supimos entenderle. Santo Padre, el pueblo canario no perderá su capacidad solidaria, pero sí que pide el mismo respeto de las autoridades políticas que en estos días han dado signos de estar “preñados” de la solidaridad que Usted siembra. Permítame que use y matice su frase: “No podemos arrodillarnos ante el mensaje del Papa y despreciar al pueblo que acoge a la población migrante”.

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