Dice Urtasun que no se ganan las elecciones desde la sociología electoral. Le falta decir que en ocasiones nos equivocamos al elegir al más guapo, al más ocurrente o al que más sale en la tele. Ahora se habla de esto porque estamos ante la unión de la izquierda como argumento de salvación. Kiko Llaneras hace una simulación de diferentes escenarios y concluye que, en cualquiera de los casos, solo conseguirán arañar unos pocos votos. En resumen, como se dice por aquí, es mejor la parada que el taxi.
Despejada esta incógnita solo me resta contemplar lo que escribe Enric Juliana en su artículo titulado “Torcuato”. Se refiere a la posibilidad de una reforma constitucional, en lo tocante al sistema electoral, contemplando la posibilidad de que el PP y Vox sumen 210 escaños, con lo que obtendrían los necesarios tres quintos de la cámara. Esta reforma, que se viene demandando desde hace años y ninguno se atreve a hacer, abriría un nuevo escenario político con la debilitación de los nacionalismos y la reducción de su influencia para decidir sobre la política nacional. El eje vertebrador de la Carta Magna es la solidaridad, y las propuestas de plurinacionalidad y reparto económico territorial, nos alejan cada vez más de su cumplimiento. Un cambio como este supone la práctica imposibilidad de formar un gobierno como el actual.
Ante esta amenaza sería lógico pensar que el PSOE estaría interesado en colaborar con esa reforma, aunque con Sánchez se presente improbable. El supuesto de Juliana, planteado como una amenaza a la situación política actual, haría obligatorio pensar en un retorno al bipartidismo, pero con otras hechuras electorales diferentes a las que tenemos ahora. Juliana titula Torcuato a su artículo porque apunta que fue Fernández Miranda el que mostró su disconformidad con el sistema electoral que pactó Adolfo Suárez con las fuerzas políticas que hicieron factible la Transición. Esto se ha ventilado suficientemente en “Anatomía de un instante”, el libro de Javier Cercas que ha dado pie a una serie de televisión donde los personajes de 1977 se convierten en actores.
Mezclando el cálculo de Llaneras con el análisis de Juliana nos encontramos ante la oportunidad de que las cosas cambien de forma drástica y desemboquemos de una crisis política en un panorama con mejor estabilidad, al menos aparentemente. En el tablero de las conveniencias nos hallamos ante fórmulas diferentes para acometer esos cambios constitucionales que algunos vienen demandando desde hace un tiempo. Indudablemente, no son coincidentes con lo que piden a gritos las generaciones que no intervinieron en el proceso que nos devolvió la democracia. Se trata de otra cosa. Es complicado, y hace falta mucho coraje para meterle el diente. Lo cierto es que no podemos continuar como estamos. Hay que buscar una salida. Todos lo hacen y es necesario canalizar esos deseos para que confluyan en un gran pacto. Lo demás es colaborar con el bloqueo y seguir empecinándose en lo que no puede ser, que, como decía el torero, además es imposible.