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Por qué no le devuelve la pelotita al niño

Por Julio Fajardo Sánchez
martes 26 de agosto de 2025, 19:22h

“El Gobierno declara zonas catastróficas las áreas afectadas por un verano climático extremo”. Ese es el comunicado oficial con el que se trata de imponer el relato del nominalismo ideológico a lo que es indemnizable. En este caso cualquier cosa: sea un incendio, una inundación o la caída de una maceta de un balcón, sirve si se demuestra que sus consecuencias son debidas a la famosa emergencia climática: el argumento que nos va a salvar la vida a todos los ciudadanos del planeta. Los que no, negacionistas. Iremos todos al infierno o nos salvaremos si somos los elegidos para subir al arca de Noé.

Ya que no podemos rescatar a Europa de las garras de la extrema derecha, al menos hagamos algo planetario, al estilo de Leire Pajín, con su celebre conjunción: Obama-Zapatero. A mí me da igual cómo lo llamen si en realidad los afectados se van a ver resarcidos. El problema estará en los presupuestos, que es de donde hay que sacar el dinero, porque los fondos europeos no son eternos, y Europa no está ahora para hacernos mimos. Al que cobra le da igual que sea por el cambio climático o por otra razón si al final le pagan. Esta guerra inútil va a terminar como el chiste de los cazadores de patos, que le dispararon a la vez al único ejemplar que se presentó en la charca y se lo jugaron a quién aguantaba mejor el dolor de una patada en salva sea la parte. El primero que recibió el golpe se puso rojo y luego se le escapó una lágrima. Cuestión que el otro aprovechó para decir: “¿Te vas a poner a llorar? Pues quédate con el pato”. Esto en castellano castizo se traduce como para ti la perra gorda.

Todo se ha cerrado, después del largo y ridículo debate de descalificaciones, diciendo: si para pagar hay que demostrar el cambio climático, hágase. Por eso no vamos a discutir más. Todos contentos. Vamos a ver si cobran antes que los del volcán de La Palma, que también fue debido al cambio climático, pero menos. Ustedes dirán que estoy escribiendo sobre algo ridículo y seguro que tienen razón. No me queda más remedio que recurrir a la ridiculez para contar lo que ocurre en nuestro país.

Don José Peraza actuaba de juez municipal cuando se presentaron seguidas dos causas en el tribunal. Una tenía que ver con un camión que había arrollado a un coche en la carretera; la otra se refería a un vecino malhumorado que se había incautado de la pelota del niño de un vecino que jugaba en la calle. Los asuntos se trastocaron, y cuando se presentó el camionero, un hombre de casi dos metros, del estilo de Nicolás Maduro, le dijo: “Pero hombre, por qué no le devuelve la pelotita al niño”. En esas estamos. Perdonen, pero no me lo puedo tomar de otra manera. He escuchado la rueda de prensa de Pilar Alegría y de Marlaska y la palabra incendio casi no se escuchó. Ambos se encargaron de colocar el mensaje climático por encima de cualquier otra consideración. Pues eso: por qué no le devuelven la pelota al niño.

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