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Sánchez no es un yogurín

Por Julio Fajardo Sánchez
martes 08 de julio de 2025, 12:09h

Dice Jesús Rivasés, en La Razón, que los asesores de la Moncloa planean lanzar el relato de un Sánchez inexperto manipulado por tres desalmados, como Koldo, Ábalos y Cerdán, a bordo de un Peugeot. Lo del Peugeot da para mucho y se le puede dar la vuelta como a un calcetín. Como lo publica un medio de la prensa no amiga no sé si creérmelo, pero hay que leer de todo. Lo primero que hago cada mañana es echar un vistazo a El País y después a La Vanguardia; el resto de medios, pseudomedios o como se llamen, lo dejo para más tarde, no sea que me vaya a atragantar con los bulos. Luego contrasto y elijo aquello que me ofrezca algo de verosimilitud.

Puede ser que a alguien se le haya ocurrido esta maniobra que hacer pasar al presidente por un yogurín, en palabras del articulista, pero yo considero que, de ser cierto, es un arma de doble filo. Posiblemente Sánchez haya sido alguna vez un yogurín, pero no en el sentido que se plantea. Al menos ha demostrado la habilidad suficiente para no verse contaminado, al menos directamente, por estar en esa cesta de supuestas manzanas podridas. Lo contrario sería disminuir sus capacidades y no sería el puto amo, como dicen algunos. El puto amo no puede ser eso, y desde el momento en que se sospechara esa posibilidad, dejaría de serlo. Así que, o todo es un invento del señor Rivasés, o lo han engañado sus fuentes, o los asesores, extremadamente inteligentes, han dejado caer estas estrategias para despistar. De cualquier forma es lícito sospechar que en este momento estén trabajando a destajo para reconstruir el relato. Necesitan recuperar el prestigio y ese invento no me parece una forma recomendable para lograrlo. Lo considero una exhibición exagerada de victimismo, solo destinada al consumo de corazones blandos.

No hay que confundir la blandura con la bondad, y menos aún con la posición moderada. Han pasado tres días de la celebración de un comité federal y de un congreso del PP y urge recomponer los efectos que ambos acontecimientos han provocado en la opinión. La oportunidad está en la comparecencia en el Parlamento, y allí no puede presentarse con la debilidad de un producto lácteo edulcorado porque se lo comerán con una cuchara de postre. No hace falta siquiera una sopera. Se presentará para recoser sus apoyos parlamentarios y tendrá que soportar los rapapolvos de Rufián y otros, pero lo compensará con ataques paralelos a la oposición, soportando estoicamente los reproches merecidos, tanto por ser un yogurín como por todo lo contrario.

Este guion ya está escrito. Se trata de la repetición de la jugada. El presidente está convencido de que una confluencia de intereses lo mantendrá en el poder hasta el final de la legislatura, y quién sabe si más allá. Esas son sus cartas. Lo demás son elucubraciones.

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