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Y, ¿si hacemos un puerto en Granadilla?

Por José Luis Azzollini García
lunes 08 de agosto de 2022, 11:46h

En estos días se viene debatiendo sobre el macro-proyecto de ejecución pública que se promueve desde el Cabildo de Tenerife. Parece -dicen allí- que el mundo del motor está necesitado de esta gran infraestructura y desde las instancias mencionadas se han hecho eco. Esta obra -dicen- traerá a la isla de Tenerife a grandes escuderías nacionales e internacionales para llevar a cabo entrenamientos de sus vehículos de dos y de cuatro ruedas. ¡Será un éxito que sin duda alguien quiere apuntarse en la culata de su revolver! La ciudadanía se ha despertado con esa noticia que ya estuvo en su momento en los medios periodísticos pero que, por no sé qué causa, se había echado una prolongada siestita. ¿Quién ha pedido esta magnífica obra? De momento, nadie se deja señalar, aunque algunos se frotan las manos. ¿Será la gente del Turismo? ¿Será la Industria del motor? ¿Serán las escuderías y mecánicos locales? Puede ser cualquiera, pero de momento, solo figura el Cabildo como responsable.

No hace mucho tampoco, se volvió a desempolvar el otro gran proyecto de iniciativa pública que vendría a solucionar el atasco que se produce en el Puerto de Los Cristianos. La solución que se le daba al follón de vehículos entrando y saliendo de esa infraestructura, no era otra que la construcción del Puerto de Fonsalía en Guía de Isora (Tenerife). La otra alternativa era construir un túnel que agilizara la actividad del actual punto de llegadas de ferris al sur de Tenerife; pero esa se ha descartado, tal vez ¿por ser de menor presupuesto?

Cada vez que el populacho se descuida, alguien cursa visita a los archivos y extrae proyectos para intentar ponerlos en circulación. Parece como si el dejar la firma de su paso por la política isleña fuera indispensable para algunos. ¡Cuánto hizo fulanito o zutanita por la isla! ¡Tenerife les debe el progreso y el desarrollo económico! ¡Habría que canonizar a esta gente! -aplausos-.

Cada uno de los casos que menciono y los que no he puesto –trenecito-, van cargados de buenos argumentos que justifican su necesaria realización. Habría que preguntarse la razón de porqué es analizable, solo, la argumentación favorable y no las que se oponen a esas mega construcciones. Porque, estimado lector, “haberlas haylas”. Todo lo que se oye, son parabienes que redundarán en un beneficio inusitado para la isla que las acoge. En el caso de Tenerife, cada una de las obras mencionadas, nos harán más grandes, más poderosos. La gente de fuera, se parará a nuestro paso para aclamar: ¡mira ahí va una persona de la isla donde se hizo el circuito de carreras! ¡Qué envidia dar ver a ese ser humano que vive en el mismo lugar donde está el Puerto de Fonsalía! Ninguna de esas dos obras están terminadas -ni siquiera están empezadas- y ya sentimos el calor de los aplausos al cruzarnos con quien no puede hablar de ese privilegio. Si alguien de la política considera que se me ha ido un poco de las manos, le ruego que eche la vista atrás y recuerde otras grandes construcciones que sí que se han terminado y que nos hacen sentir ese inmenso placer que comento. Me refiero al gran agujero negro que taparon con un fabuloso auditorio. Cierto es que en este caso, sí que ha servido para el desarrollo de actos culturales de gran nivel pero, no me negarán, que hubo un poquito de desajuste en las cuentas y que su agenda no está llena de eventos. La diferencias entre lo presupuestado y lo ejecutado ¿la habrán puesto entre el/los políticos que se empeñaron en llevarla a cabo?

Pero, además de esté magnífico edificio que lleva el sello de un gran arquitecto valenciano -¿Al final, el recinto ferial lo firmó también?-, tenemos otra gran obra acabada que ha venido para darle forma a una parte de nuestro litoral que, la verdad, estaba feo -antes solo había naturaleza-. Me refiero al Puerto de Granadilla. ¡Menos mal que la providencia iluminó al político que decidió su construcción! He leído que desde el despacho de un presidente de “Puertos de Tenerife” se fraguó esta magnífica construcción que vendría a solucionar muchos de los problemas de infraestructura portuaria que tenía la isla de Tenerife allá por el final del siglo pasado y comienzos del presente. Hoy en día es habitual oír a los guías turísticos, mencionar esa obra civil cuando pasan por la autopista. De hecho, hasta es posible que las compañías de cruceros estén cuestionándose el porqué se les lleva al puerto capitalino -tan saturado- existiendo este otro mucho más cómodo, para “atracar a la primera”, en el sur.

Al tirar de internet he podido averiguar una serie de datos que hacen prever que, si nadie lo remedia, veremos a los bólidos zumbando en ese sur y a las ballenas emigrando a lugares menos concurridos. Para entender un poco mejor esta profecía -dicho con todo respeto a quien hacía sus predicciones sin tirar de lo ya sucedido- habría que saber que, cuando se proyectó el magnífico puerto de Granadilla, existían dos grupos antagónicos exponiendo, cada uno, sus poderosos argumentos. La oposición, compuesta fundamentalmente, por asociaciones locales, insulares e internacionales de ecologistas, hablaba del desastre tan grande que se infringiría a la madre naturaleza “afincada” en la zona. En aquella época, se hablaba de la tortuga “boba”, de la afectación a mareas y cebadales, de dunas grises (dunas con vegetación) y de la fauna terrestre, entre otras cosas. En definitiva, un daño irreparable a toda la zona donde se proyectaba la obra civil. Además defendían su ¡No necesidad!

Por otra parte, estaban los que pedían su puesta en marcha y también tenían su propia batería de razones: El Puerto de Santa Cruz, estaba que ya no daba más de sí. ¿Cómo estaba la plaza? Pues algo así. Ya no cabían más contenedores y el trasiego de los mismos, estaba claro, ¡clarísimo!, que se llevaría mucho mejor si se usaba la autopista del sur, antes que el meterlos por dentro de la capital. Para el sur, iba a suponer un repunte económico que traería riqueza, muchos puestos de trabajo -argumento muy repetido-. ¿Qué digo muchos? ¡Muchísimos! -dato de “corta y pega” que debe figurar, siempre-.

Hasta el mismísimo Parlamento europeo estudió el caso y llegó a la conclusión de que la obra debería hacerse, pero sin olvidar el prestar atención a todo lo que se proponía desde las tesis ecológicas. Es más, tendría que crearse una comisión que hiciera seguimiento para que primero se llevaran a cabo las correcciones medioambientales y después se hiciera el puerto. ¿Se hizo así?

¿Cuál es la realidad hoy del gran Puerto de Granadilla?

Los chicharreros tenemos una gran obra portuaria en el sur de la isla, donde, debe pescarse bastante bien, pues los pocos peces que quedaron allí, no sufren estrés alguno. Tenemos, también, un Puerto de Santa Cruz donde, por la misma razón, tampoco debe haber mala pesca. Los chicharreros tenemos, eso sí, una gaveta llena de promesas incumplidas y un baúl repleto de errores, por no saber pedir responsabilidades y seguir escuchando a quien nos viene con los mismos “cuentos” de siempre. Tal vez sea hora de preguntarnos, si hacemos otro “Puerto de Granadilla más” o damos, ya, un puñetazo en la mesa.

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