En las últimas décadas, la isla de Gran Canaria ha sido claramente favorecida por el Gobierno Autónomo de turno, sea del color que fuera, en materia de inversiones públicas y sobre todo en ejecución de obras de infraestructuras básicas como son las viarias.
Las carreteras de la isla hermana de enfrente han recibido y siguen obteniendo un volumen de fondos y ganas de ejecutar que supera ampliamente al que recibe Tenerife.
Mientras Gran Canaria crece en infraestructuras y conectividad, nuestra isla, en cambio, queda relegada, siendo sistemáticamente olvidada a sabiendas.
Esta situación se percibe como una clara discriminación injusta y repetida, que deja a Tenerife rezagada en el desarrollo que tanto necesita, porque actualmente está colapsada, agotada y desvertebrada. Lo que nos preguntamos todos es donde están los defensores de Tenerife, si los hay actualmente
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