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Un sinvivir, para encontrar un sitio donde vivir (I)

Por José Luis Azzollini García
lunes 31 de julio de 2023, 11:37h

Vivir del turismo, hoy en día se está convirtiendo en un guirigay del que parece que se torna difícil salir airosos. En toda España y concretamente en aquellos puntos de nuestra geografía donde la diosa fortuna ha depositado argumentos para poder desarrollar un modelo de producción basado en el ocio de mucha gente, se está llegando a niveles insoportables para poder encontrar, entre otras cosas, personal que atienda con un mínimo de profesionalidad a quienes nos visitan. Eso, al menos, es lo que trasciende.

Para tratar de entender mejor el desarrollo de lo que se ha estado viviendo, hemos de tirar de la memoria. Me refiero, obviamente no al concepto que enfrenta a las dos Españas que mentaba Ortega y Gasset, sino a la que nos habla del Turismo en nuestro País.

En la época en la que solo se hablaba de suecas para referirse a quien nos visitaba, muchísima gente, dejó aparcada la guataca y se afincó en lo que terminaría siendo su nuevo sistema de producción de garbanzas. Dejó el campo, su campo, y se vino a vivir a la costa que sería la puerta de entrada de ese poderoso señor Don dinero: el Turismo.

Poco a poco, las ciudades costeras y los pueblecitos que rodeaban a esos centros neurálgicos, iban sufriendo su metamorfosis hasta llegar a nuestros días. El cemento se iba adueñando de lo que antes habían sido fincas, huertas y en algunos casos también simplemente marismas o lomas peladas.

En Canarias y circunscribiéndome a Tenerife -mi propio territorio-, pasó tres cuartos de lo que se había visto en gran parte de la costa peninsular y balear. Las fincas de plátanos y Tomates, se fueron reduciendo al mismo ritmo que iban apareciendo altos establecimientos hoteleros, primero, y complejos de apartamentos, después. Los campos de golf, ¡”los necesarios” campos de golf!, vinieron más tarde. La gente del campo, en estas islas, también sintió la llamada de las nuevas profesiones, relacionadas con el mundo del turismo y comenzó a ver como sus aperos de labranza, iban arrinconándose en un pequeño cuartito y su fondo de armario se veía incrementado con camisas blancas, chaquetillas, corbatas de pajarita y algunos aditamentos más.

En el sector formativo, también se notaban los cambios que había traído esa ventisca del norte; y, así, las aulas de peritaje agrícola iban quedando vacías, tan rápido como comenzaban a surgir las escuelas de capacitación hostelera. Los idiomas se hacían necesarios y por lo tanto también surgieron empresas del sector formativo para cubrir esas necesidades. ¡Welcome, English!

Obviamente, con el paso del tiempo, lo que vino como una forma de incrementar la producción de unos pocos terratenientes, se convirtió en un modo de vida de gran parte de la población. Ello conllevó la necesidad de surtir de viviendas para alojar a tantísima gente que deseaba estar lo más cerca posible de sus nuevos centros de trabajo. También para dar cobijo a ese otro montón de mano de obra que venía de fuera. ¡Era necesario que viniera gente de fuera, porque, los de dentro, no estaban muy bien formados! Los de allá, tampoco lo estaban, pero alguien vendió esa etiqueta y los políticos la compraron, la hicieron suya y la desarrollaron hasta tal punto que, teniendo las aulas llenas en las escuelas de Turismo, en las de Formación profesional en las ramas de restauración, cocina, recepción, pisos, etcétera, en las de formación privada de hostelería, en las de idiomas, y en las del “sursuncorda”; seguían y han seguido tirando de esa frase para justificar el que siga viniendo gente de fuera, sin pensar en el principio: “A mayor demanda de empleo, mayor precariedad laboral”

Naturalmente casi todo tiene sus límites y en el Turismo no hay motivos para pensar que fuera diferente. Antes mencioné la aparición de los campos de golf, surgidos por la necesidad de atraer a un turismo de clase alta que fuera, poco a poco, fagocitando al de un poder adquisitivo menos lucrativo. ¿Fue para eso, o para colocar un precioso manto verde en el folleto que servía para vender los apartamentos construidos en terrenos aledaños? Mi forma de pensar va en esta vía. Y, mi argumento, lo aporta la realidad: tras la transformación del terreno en unos preciosos campos donde practicar ese deporte de élite, fueron surgiendo esos complejos residenciales de cierto lujo algunos y de muchísimo lujo, otros. Las costas se alargaron para albergar más zona de aprovechamiento turístico y hasta los finales de algunos barrancos se convirtieron en playas de grava molida -Costa Adeje-. La actividad no ha dejado de crecer y de transformarse en una macro-industria donde por un lado entran los turistas a modo de materia prima, y por el otro salen los euros. Al principio entraba poca sustancia, pero salía mucha chica. Últimamente se ha visto, sin embargo, que lo que entra es demasiado, para lo poco que sale. Ante esto, las mentes pensantes, han decidido que la maquinaria había que adecuarla a la demanda y así, fueron surgiendo por un lado más hoteles de cinco estrellas. ¿Más todavía? - Si, para subir el caché. Y, por otro, la conversión de viviendas en “mini maquinarias” que van sembrándose por todas partes. Es precisamente ahí donde comienza a surgir un gran problema que, tal si fuera un tsunami, se le está viniendo encima al sector. Si lo que se usaba, hasta ahora, para dar cobijo a la gente trabajadora, se alquila también a turistas, ¿Dónde vivirá quienes trabajen en el lugar? ¿Se volverán a habilitar las cuevas donde vivieron los antiguos pobladores? Podría ser pintoresco pero, también, preocupante. Seguramente alguien ya dé por válido lo del uso de furgonetas para personal y policías -alguna noticia hay-.

Puede que yo sea egoísta al pensar en cómo se le va a quitar la posibilidad, a quien tiene un apartamentito comprado con los ahorros provenientes del duro trabajo, de sacarle una rentabilidad para subsistir en esta sociedad tan cara. Los especuladores, como siempre, a la expectativa de la respuesta que se le dé a tan apabullante argumento. Cuando comenzó a dársele viabilidad a esa tesis, sin pensar el problemita que podía sobrevenirse, se dieron a conocer los propietarios -grandes y chicos- de apartamentos vacíos; que lo estaban, hasta ver qué se hacía con ellos. Dicho y hecho, ya tenemos un número de viviendas vacacionales tan grande como pequeño se ha quedado el otro número de la ecuación: el que se necesita para el sector laboral. ¿Y, ahora qué, señores y señoras responsables de este desaguisado? ¿Se construirán más viviendas sociales y todo resuelto? ¿Es así de sencillo? Bueno, pues no hay motivo de preocupación, entonces. Salvo, claro, que el ciclo de reconversión comience a hacer, nuevamente, de las suyas. ¡Más cemento que es la guerra!

Alguien, en su mega convicción y ambición, quiere hacernos ver que hasta la llegada de las viviendas vacacionales, no se conocía la verdadera calidad turística. Desde ese momento, el papel que se usa en los supermercados para envolver el jamón cocido y el chope, son los billetes de quinientos. ¡Una calidad que te cambas! El personal, podría quedarse a vivir en sistemas de “camas calientes” como si trabajaran en submarinos. Quienes saben de turismo, lo han dicho, pero no se les entiende ¿Entendemos, o no queremos escuchar?

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