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Turismo: ¿enriquece o empobrece?

Por José Luis Azzollini García
lunes 15 de abril de 2024, 10:19h

Cuando se habla de turismo, ya lo he comentado en algunos artículos anteriores, siempre se deja claro que lo que se necesita es un “turismo de calidad”. Y eso, en sí mismo, está muy bien tenerlo como objetivo primario, pues lo que nos está llegando últimamente, parece que se separa algo de dicho deseo. Creo que ya va siendo hora de que se tome en serio a quienes desean debatir sobre el beneficio que aporta, a la población que recibe a ese turismo. Y si fuera posible, alejar dicho debate, de posturas politizadas o tremendistas, como las que dan pie a la “la turismo-fobia”. Palabra inventada y basada en un par de grafitis pintados por algún trasnochado y/o en una tergiversación interesada sobre la “no masificación” que se vive en regiones eminentemente turísticas.

Cuando se habla de turismo, no solo se debería pensar en aquellas personas que vienen de la mano de turoperadores o de las nuevas plataformas de reservas de viajes. Tendríamos que contar, además, con quienes nos visitan embarcados en lujosísimos cruceros, y por supuesto en los vienen en vuelos regulares con algún visado de tres meses -algunos ni con eso, por no necesitarlos-, y ¿por qué no? también en los que pasarán unas vacaciones, pero pernoctando en casa de amigos y/o familiares. O quienes llegan a suelo canario por motivos comerciales. Todos ellos, son “turistas”. En las estadísticas, se contabilizarán como turistas. Por lo tanto tratémosle como tal. Estos distintos grupos de personas, tengan un motivo lúdico o no, terminarán visitando lugares que mostrarán a sus allegados en la fotos del móvil. Sin pretenderlo, se convertirán en embajadores turísticos de las islas. El mismo canario que visita rincones no visitados anteriormente de Canarias, también será un turista.

Una vez dibujado un perfil más o menos aceptable de quien puede ser considerado turista. Veamos, ahora, quien debería figurar como promotor turístico. Y, sin duda alguna, ese listado debería encabezarlo todas aquellas personas que en sus inicios vieron que podrían tener un rendimiento mayor de sus tierras -antes agrícolas-, si aprovechaban algunos terrenitos que tenían cerca del mar y construyendo en ellos, algún tipo de alojamiento para dar cobijo a la floreciente demanda por parte de extranjeros que, hasta la construcción de los nuevos hotelitos, se alojaban en la hotelería de la capital. En este grupo, también figurarán con luces de neón, todos esos nuevos conquistadores que, viniendo desde fuera, veían con perspectivas halagüeñas lo que otros solo eran capaces de captar como una “ayudita” a la producción agraria. Y, así comenzaron a desviar, parte de su gran poder adquisitivo, en comprar; primero, terrenos en zonas de costa o cercana a ellas y posteriormente, invertir en el diseño de urbanizaciones, para colocar, a modo de juego del “Monopoly”, sus hoteles, apartamentos, locales comerciales y todo el entramado que hoy en día vemos en la casi totalidad de nuestro litoral isleño. Para no dejar a nadie atrás, hemos de contar, con un peso muy importante, a quienes viven y/o dicen trabajar, desde la política. A todas esas personas que desde los despachos gubernamentales, van concediendo licencias para la construcción de los magníficos hoteles de gran categoría. Se les llena la boca con discursos dignos del mejor estudio de retórica, populismo y protagonismo. Eso sí, se haga lo que se haga, siempre será en nombre y beneficio de la población. Es más, sin ellos, ¿qué sería de todos nosotros? ¡El caos!

¿Son solo, estos tres bloques, el grupo de promotores turísticos? Obviamente, sin una población que baile al son de la música que ellos tocan, la fiesta terminaría muy pronto. Y, ya se sabe que, al menos en Canarias, oír fiesta, es ponernos a seguir el ritmo primero con los pies y más tarde con el resto del cuerpo. En materia turística, lo único que se necesita es tener un pueblo que se deje llevar por halagos y sabiduría comercial: ¡Tienen Ustedes unas islas maravillosas! ¡El turismo solo sabe elegir lo mejor y ese es el motivo de que las Canarias sean un punto de referencia! Y así, hasta llegar al sello que figura como nombre aglutinador de las Islas Canarias: Las Afortunadas. Pues ya tenemos al turista y a quien favorece y facilita su llegada. Ahora solo hemos de dar un pequeño repaso a lo que se produce.

Desde que se fue cambiando el cultivo de la cochinilla, la caña dulce y el tabaco, por el del plátano y el tomate; hasta que se comenzó a trabajar en ese otro cultivo al que genéricamente se le conoce como Turismo, han pasado años. No tantos como pudieran parecer, pero si unos buenos pocos. Ahora ya, casi vivimos de ese nuevo producto y parece que también va teniendo su progresión hacia algo que aún no se termina de vislumbrar con la nitidez necesaria para afirmar si estamos en el camino correcto o si debemos modificar nuestro ímpetu. El mundo empresarial, se muestra optimista porque entiende que, cuantos más hoteles, más riqueza obtendrán. Solo necesitan que se les permita montar más campos de golf y alguna cuna. El Turista va viendo cómo, poco a poco, lo que antes le resultaba inalcanzable, ahora lo tiene por casi cuatro duros y con todo incluido. Tal vez, echen de menos que les dejemos hacer lo que les apetezca en las zonas protegidas; pero, todo lo demás, ya lo tienen. Y, a la población, ¿qué le reporta? Según los políticos que se apoltronan siguiendo el mandato que les dan sus votos, el pueblo tiene una mayor calidad de vida: más trabajo -aunque el paro no baje-; tiene carreteras -se olvidan mencionar su deterioro-; tiene colegios y Hospitales -donde reina la saturación y el agobio de docentes y médicos-; poblaciones llenas de viviendas -que ya no se alquilan a trabajadores pues resulta más rentable la “vivienda vacacional”- y sobre todo, políticos que velan solo por sus intereses -habría que definir el “sus”-. ¿Qué más quieren? ¿Trabajo digno? ¿Menos tráfico? ¿Viviendas para no pernoctar en una furgoneta? ¿Más equilibrio en el uso de recursos? ¡Es que lo quieren todo!

El Turismo, no nos engañemos, deja riqueza. El único punto que habría que debatir, es el reparto de ese beneficio. El Turismo desenfrenado, puede que convierta el concepto riqueza en otra triste realidad, que nada o poco tiene que ver con el bienestar de la población donde se implanta. Sin ir más lejos, en nuestro territorio, un Turismo sin control, solo dará beneficios a los especuladores y a quienes convierten la política en sus pequeñas minas desde donde sacar el bono para contentar su desmedida ambición. Una vez agotada la mina, ¡Hasta luego Lucas!

En Canarias -Tenerife es mi terruño- El Turismo trajo y podría seguir trayendo, mucho beneficio y bienestar. A mí, en concreto, me aportó años de vida laboral y satisfacción en lo personal. Lamentablemente, en estos momentos y si nadie lo remedia en un futuro, solo me está dando: tristeza, por todo el cemento que se sigue sembrando; temor a que se siga apostando por la implantación de más hoteles en el nombre de la calidad y la estabilidad laboral y enfado por ver que, cuando algún grupo levanta la voz en contra de todo el desaguisado urbanístico y medioambiental, se le tache de melenudos y perro flautas. ¡No es turismo-fobia (¿?)! ¡Es buscar un beneficio real para todos!

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