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Tenerle miedo al miedo

jueves 13 de febrero de 2020, 04:00h
De todas las emociones que podemos tener, sin duda, el miedo es la más paralizante. Su aspecto positivo es mantenernos despiertos ante situaciones que atentan contra nuestra integridad. Pero tal vez a eso sería mejor llamarle temor, porque nos hace ser prudentes y estar preparados ante la adversidad posible. Pero el miedo, por su potencia limitante, es una emoción que paraliza. Es simbólica y, por eso mismo, elocuente, la imagen del avestruz con la cabeza escondida bajo la tierra. Una actitud estúpida con la dificultad e inútil ante el problema. A este miedo hay que tenerlo miedo.

Miedo a no ser aceptado nos impide la sana relación con los otros. El miedo al rechazo es paralizante. Miedo a equivocarnos nos impide la saña creatividad generadora de posibilidades. Miedo al error es paralizante. Debemos normalizar que no le somos igualmente simpáticos a todos y que nos solemos equivocar con frecuencia. Normalizar estos resultados de la dinámica real nos ayudará a vencer el miedo. Nos ayudará a aprender y alcanzar nuevas estrategias de relaciones y nos dará capacidad de resiliencia.

¡Cuánto dañó hace el miedo! Incluso tenemos miedo a la verdad. Nos rebelamos a conocer lo real, porque suponemos que si lo conocemos seremos incapaces de soportarlo. Vivimos engañados por el miedo. No tomamos decisiones por el miedo. Callamos por miedo. No nos atrevemos a pensar por miedo. Es terrible esa manera de vivir.

A esta, actitud no se le enfrenta las valentías, sino la confianza. La valentía temeraria es la contradicción en su extremo. La confianza es la capacidad de reconocer el límite y de creer en las posibilidades de resolución de los problemas que habita en la condición humana. Tal vez detrás del rechazo y del fracaso haya una posibilidad de aprendizaje y crecimiento. La confianza también se aprende. La confianza tiene una lógica interna que el miedo no es capaz de poseer. Porque es ilógico y paralizante.

Entre la temeridad y el miedo, la confianza. Cuánto daño hace a una sociedad políticos como miedo, empresarios con miedo, trabajadores con miedo. Cuánto daño hacen jueces con miedo y abogados miedosos. Son necesarios con prudencia, pero con ese miedo a perder la fama y la aceptación, les incapacita para ser servidores. Al miedo se le debe tener miedo.

La confianza vence al miedo. Bienvenida la confianza social.

Juan Pedro Rivero González

Delegado de Cáritas diocesana de Tenerife

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