Las costas canarias son un auténtico coladero. Centenares de personas arriban diariamente a las Islas sin ningún tipo de control. El desgobierno y el caos reinan en la política española en relación con la inmigración. Muchos canarios piensan -no sin razón- que el Gobierno de España tiene abandonada a Canarias.

El Gobierno de España no está desplegando una auténtica e intensa política diplomática y de cooperación con los países de nuestro entorno geográfico para llevar a cabo un control efectivo en el origen de la salida de cayucos y pateras —es más, la torpeza parece marcar las relaciones con Marruecos,que lo cobra muy bien permitiendo que las mafias trafiquen con las personas con total impunidad—. Tampoco se está acogiendo a los que llegan a nuestras costas en los centros de titularidad estatal actualmente totalmente disponibles, especialmente los cuarteles militares. No se está exigiendo la cooperación de la Unión Europea para frenar la llegada masiva y descontrolada que está desbordando todas nuestras capacidades.

No se preocupa el Gobierno de España de prestar una atención humanitaria y digna a quienes se amontonan especialmente en el puerto de Arguineguín. Ni lleva a cabo una política eficaz de derivaciones a la península que aligere la extrema situación que se vive en las Islas. Ni hace un uso pacífico de los medios marítimos y aéreos de los que dispone, exigiendo la colaboración de FRONTEX (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas) para llevar a cabo medidas disuasorias en la mediana. que filtren el tráfico de embarcaciones en el área. Ni está prestando la atención debida a un asunto con trascendencia mundial que puede repercutir negativamente en la imagen exterior de nuestras Islas y dañar —más si cabe— la gravísima situación del sector turístico, pilar de la economía del Archipiélago. Ni el presidente del Gobierno de España —o la vicepresidenta— convoca con la urgencia debida una reunión entre los distintos ministerios competentes para llevar a cabo una acción coordinada que frene el caos reinante.

Las respuestas al fenómeno migratorio deben ser plurales y complementarias, de ahí la necesidad de coordinarse los ministerios de Defensa, Exteriores, Interior y Migraciones. Sin embargo, hasta la fecha en el Gobierno de España impera un sálvese quien pueda, una pasividad que nos ha arrastrado a una situación límite en la vertiente humanitaria y también en la socia. La inquietud va a más a pie de calle, los ciudadanos exigen soluciones que no llegan.

En este mismo espacio el pasado 20 de septiembre preguntaba cuál es la estrategia ante el repunte migratorio. No ha habido respuesta porque el Gobierno de España no ha sabido valorar un asunto que hace meses se veía venir. Ahora, cuando los medios de comunicación se han empezado a hacer eco y a denunciar el abandono de Canarias por parte del Gobierno de Pedro Sánchez, los partidos políticos empiezan a reaccionar, probablemente porque algunos partidos han visto que puede se un caladero de votos importante.

Mientras tanto, todos acudimos atónitos al bochornoso espectáculo que se está viviendo en el puerto de Arguineguín y que culminó con el desalojo, traslado a Las Palmas y posterior hospedaje en el sur de Gran Canaria, de unos doscientos magrebíes —sin que se sepa quién lo ordenó—. Triste y lamentable.

En Canarias se está pasando de la incredulidad a la indignación al contemplar el desdén, la humillación, la soberbia y la arrogancia con la que el Gobierno de España trata este asunto. Bien harían Sánchez y sus ministros en poner en lo alto de la agenda un asunto que está llevando a muchos canarios a preguntarse: si no nos defienden y protegen, ¿para qué los queremos?