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LLegando la hora

miércoles 07 de abril de 2021, 07:00h

Estamos viviendo en una constante paradoja. Pronto hará un año que el presidente espejo nos anunció que “el virus ha sido derrotado”. Y a los pocos meses de tal “derrota” impuso por sus bemoles un estado de alarma que, ahora, anuncia finalizará en mayo. Y será así, dice, por mor de las millones de vacunas que serán inoculadas a los “compatriotas”. O sea, que acabamos de relatar dos mentiras surgidas del discurso siempre propagandístico del presidente. El ritmo de vacunación es tan lento que hasta 2023 no cubrirá a todos los “compatriotas” del presidente del gobierno. Y la segunda, que en mayo se prorrogará el estado de alarma inconstitucional e inútil que estamos padeciendo, con o sin mascarilla, según clame el pregonero Simón. Siguiendo, naturalmente, las indicaciones del gurú Iván.

Y mientras se escucha al mentiroso compulsivo y la ministra Belarra estrena zapatos nuevos sin quitarles el precio para más exhibición, un jugador del Valencia, con la ayuda de Iglesias y compinches, junto con la asistencia de todos los progresistas BLM de este país, monta un circo saltándose no solamente la presunción de inocencia, sino incluso el derecho a la defensa. Los locutores de la retrasmisión televisiva comenzaron el espectáculo. Aun confesando que no sabían lo que había sucedido, durante más de media hora ocuparon funciones y labores de investigador privado, investigador público, juez, jurado y verdugo; el racismo no se puede tolerar. Y resulta, que ni el verdadero juez, el árbitro pudo señalar en el acta el motivo real del abandono ― ilegal, por cierto ― del campo por parte del equipo valenciano. Pero…, la victima ni era blanca ni era de Écija. En cambio, el “culpable” era blanco y de Sevilla y, posiblemente, hetero. Los ríos de tinta brotaron de la prensa progresista y pro BLM sin la más mínima prueba, salvo las protestas de los jugadores del equipo del Turia.

Palabra contra palabra, pero ya está el Iglesias, el Echenique, la Montero malmetiéndose con sus descalificaciones, al tiempo que lamentando que no fuese cualquier equipo madrileño el causante del circo. En tal caso, la culpa habría sido de Ayuso, naturalmente.

Ninguna de las ministras del gobierno más feminista del planeta ha dicho ni una sola palabra en defensa de la muchacha atacada por seis marroquíes, un dominicano y dos españoles, eso no forma parte del programa electoral instituido por el Black Lives Matter. La víctima no puede ser ni blanca, ni cristiana, ni hetero. Y por lo leído, ni judía; "Los judíos del III Reich se acostumbraron a los campos de concentración, los disidentes soviéticos al gulag siberiano, los ciudadanos madrileños al PP, y así todo", o eso se lee en el Periódico.

Y es que el objetivo es Madrid. Hay que acabar con la Ayuso, con el PP de la Ayuso, no sea que ella acabe con “nosotros”, los ultra compatriotas. Si Iglesias, el ex vicepresidente que se pasea con escolta y a quién le abren la puerta de un coche oficial, no logra el 5% de los votos, será tan cara de aceptar el nombramiento de vocal del Consejo de Estado, con el sueldo de 107.000 euros anuales, más las prebendas anejas. Catorce meses de vicepresidencia saturados de insultos, de recomendaciones de series, de adoctrinamientos sexuales, de descortesías, de ausencias groseras, pero de gestión, nada de nada. Ni un palo al agua, pero polémicas e insultos y menosprecios, mogollón. Ni una visita a las residencias de ancianos empero su lamentable situación, abrazos al separatismo, besuqueo con los proetarras, memoria histórica a conveniencia, encono contra la prensa delatora de su vagancia, de “escudo social”, ni escudo ni social, pura demagogia , defensa de “su” normalidad democrática, desprecio a la justicia, aplauso a los disturbios callejeros y, acabando, un feminismo absolutamente radical y totalitario. Eso es lo que queda de esos meses de gobierno comunista en la persona del amante de Lenin.

Ahora acude a los barrios periféricos en campaña, con coche oficial y escolta y vuelve a clamar contra “la casta”, en susurro, dado que, al acabar, regresará a su chalé y no al pisito de Vallecas. En ese no quiere reaparecer, avergonzaría a sus vecinos. Está nervioso, como el presidente, pues sabe que Madrid puede ser su tumba política. Y arrastrar en su fracaso al socialismo visceral, procomunista. A ambos les está llegando su hora. La noche del 4 de mayo puede ser la “noche triste” de unos personajes nefastos para nuestra democracia, para nuestro sistema, para nuestra sociedad. Ese es su destino; asaltar el funesto suelo del fracaso. Eso sí, cuadruplicando su patrimonio, ya que a los comunistas les encantan los pobres, cuando no son ellos, obviamente.

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