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Confinado entre mentiras

miércoles 08 de abril de 2020, 07:00h

Hace unas semanas, el ministro de Justicia, Campo, envió su condolencia a la comunidad islámica por el fallecimiento de un líder musulmán. Destacable entusiasmo que no se corresponde en modo alguno ni con los 13.000 españoles muertos, cristianos la mayor parte de ellos, sin duda, ni con el fallecimiento de los hermanos Lucas, Dámaso, Javier, Virgilio y Efrén, sacerdotes Menesianos de Bilbao, ni con los curas fallecidos en Salamanca, Segovia, Cuenca, Santiago, Madrid, etc. Y la CEE sin protestar viendo cómo la policía desaloja la catedral de Valladolid, un aforo de más de 1.000 personas, por celebrarse la Eucaristía ante 40 personas.

Fue Alexander Solzhenitsyn quien dijo que el comunismo es una gran mentira, y ejemplos de tal afirmación los estamos viviendo los españoles todos los días. Estar confinado desde hace semanas tiene sus inconvenientes, pero también sus ventajas; una de ellas, poder llevar cuenta de las mentiras de un gobierno que nos ha conducido al mayor de los desastres socio económicos de los últimos siglos. Y lo que te rondaré, morena.

Mientras los comunistas, bien asentados en sus sueldos, dietas, test y protocolos, claman contra el ciudadano que protesta o lamenta la actual situación, recibiendo el calificativo de facha, fascista, homófobo, etc., nos vamos enterando de que el Gobierno de Sánchez, Iglesias y Montero prohibió el 3 de marzo los seminarios y congresos médicos por riesgo de contagio de coronavirus.

También nos enteramos de que, en las manifestaciones autorizadas por las Delegaciones de Gobierno, estaba prohibido besarse, abrazarse, pues “había virus”, llevando las ministras y colegas inútiles guantes de látex. Es decir, que por un lado ese insigne especialista en filosofía metido a Ministro por razón de cuota territorial, reclamaba que “necesitamos que los profesionales se encuentren en perfectas condiciones”, no oponía impedimento alguno a la asistencia de personal sanitario a las manifestaciones del 8-M, cinco días después de la primera victima por coronavirus en España.

Obviamente, ese 'figura' de Simón exclamaba que si su hijo le preguntaba si podía asistir a la manifestación, “le diré que haga lo que quiera”. Amor de padre, evidente. Y obediente súbdito de su 'señorito', el ministro Illa. que presumía en enero de que España estaba preparada sanitariamente para hacer frente a la pandemia que se avecinaba. Y todavía esperamos los test y mascarillas debidamente homologadas. La empresa suministradora, un misterio.

Una pandemia de la cual desconocemos los fallecimientos, e incluso el número total de afectados. Como ejemplo, Castilla-La Mancha, donde las licencias de enterramiento por el Covid-19 llegaron en marzo a 1.921, mientras los datos de Sanidad nos hablan, en el mismo mes, de 708 muertos por tal causa. Será este tipo de noticias veraces las que quiere impedir el Gobierno, con el Ministro Campo, un comunista feroz, a la cabeza, por aquello de que las redes sociales son la única y real oposición. Una oposición que no agrada en absoluto ni al social comunista Marlaska, ni al bolchevique Iglesias. Es decir, ellos sí pueden contaminar con sus ruedas de prensa cerradas, sus soflamas al estilo Goebels, sus discursos al estilo Castro, debiendo el pueblo callar y aguantar.

Otra 'figura', la ministra del paro, sonríe, se carcajea casi, intentando explicar qué es un ERTE, llegando a compararlo con la maternidad. El que nos estemos acercando a 5 millones de parados, poco le importa, mientras ella y su politburó tenga espacio y tiempo para imponer ese “escudo social” que no representa sino la estatalización, la nacionalización de todos los sectores productivos para hundir en la miseria, no solamente a la empresa, sino a la misma clase media, motor de toda economía. Y Calviño traga, sin rubor, que el tejido empresarial camine hacia la quiebra, la deuda galope hacia el abismo y los autónomos contemplen el suicidio de su negocio. Es el cambio de sistema que grita esa cordobesa, vicepresidenta balear, cuyo gran currículo, cual Irene, es haber trabajado en una tienda, sin más.

Entretanto, la prensa internacional coloca a nuestro país en el epicentro de la pandemia, sin que Sánchez haya hecho nada para evitar su expansión, excepto improvisar. Consecuencia de tanta incompetencia, España es el país con más muertos por millón de habitantes, o sea, el triple que el Reino Unido, diez veces más que Portugal o Alemania. Y si hablamos del heroico personal sanitario, el numero de infectados por falta de material es el más elevado, y ello a pesar de ese maldito anuncio del incompetente Illa,

Obviamente, de autocrítica ni una palabra. No va con los comunistas eso de reconocer los errores, por la sencilla razón de que el comunismo, el socialismo histórico, es ya por sí un inmenso error. Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Nicaragua y, pronto, México, son un buen ejemplo del acogotamiento de Reagan al mundo soviético. Hacia tal mundo nos encamina Unidas Podemos con sus bravatas y sus soflamas chavistas. Esos neo pactos de la Moncloa no son sino una excusa para enterrar el sistema del 78, con todas sus consecuencias, y mutarlo por una republica estatalista y estalinista, donde la democracia y la libertad queden confinadas en las Lubiankas o las checas a crear.

Y mientras los socialistas y comunistas se montan el nuevo régimen, en Austria, con 12.000 casos, 3.460 curados y 220 fallecidos, ya anuncia su gobierno el levantamiento de las restricciones escalonadamente a partir del 14 de abril, para incentivar la economía.

Lástima: el canciller Kurz es católico y miembro del Partido Popular austríaco.

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