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La trampa del dialogo con el independentismo

jueves 16 de enero de 2020, 02:00h
En la última entrevista que Oriol Junqueras ha concedido a un medio de comunicación, el diario catalán Ara, el presidente de ERC ha vuelto a insistir en la necesidad que tiene el independentismo de privilegiar una estrategia de largo plazo. Hace tiempo que esta fuerza política ha dejado claro que no tiene sentido impulsar la independencia de Cataluña con sólo el apoyo de la mitad de la población, pero, al mismo tiempo, que esa independencia es el destino final de su estrategia, algo que, como afirma Junqueras, “llegara inevitablemente mas tarde o más temprano”.

Esa estrategia de largo plazo no parece ser compartida por la otra fuerza secesionista, JuntsxCat, pero ello responde sobre todo a la necesidad de mostrarse mas netamente independentista que su competidor, para conseguir la hegemonía en ese campo compartido, que a una efectiva diferencia estratégica.

Cabe entonces la pregunta: ¿a qué se debe esa gran confianza en el largo plazo de parte del independentismo?

Y la respuesta no refiere sólo a una fe ciega en sus fundamentos políticos sino, sobre todo, a un cálculo sociodemográfico y político que tiene bases sólidas. En Cataluña, como en buena parte de España, esta teniendo lugar un recambio generacional considerable. Ya son mayoría los catalanes y catalanas que no votaron masivamente la Constitución de 1978. Pero ese fenómeno se agudiza por el clima independentista que impera en las escuelas desde hace veinte años. Los que ya han llegado o pronto van a llegar a los 18 años, ejerciendo así el derecho al voto, han sido educados en catalán sobre la idea de que “España nos roba” (y no sólo financieramente).

En pocas palabras, Junqueras tiene fundadas razones por las que sentirse optimista a largo plazo. Y mientras tanto es necesario evitar provocaciones, entre las que se cuenta hablar en voz demasiado alta sobre la vía unilateral. Obviamente, tampoco puede abandonarse completamente esa vía, sobre todo en la competencia interna del independentismo. Pero ya es evidente que la vía del dialogo concuerda mejor con la confianza en el largo plazo.

Con la herramienta del dialogo, en la estrategia del largo plazo, el secesionismo ya no busca una declaración de independencia a corto plazo, semejante a la que tuvo lugar de manera infructuosa en 2017. Ahora, de lo que se trata es de ir ganando terreno en un proceso de acumulación de fuerzas, que permita, en diez o quince años, tener una mayoría electoral clara a favor de la independencia. Además, esos avances parciales permitirán evitar cualquier retroceso importante en este sólido camino hacia la separación de España.

Ante esa estrategia de largo plazo, en el sistema político español se tiene una visión inamovible: nunca tendrá lugar la independencia de Cataluña y eso es algo que hay que sacarlo de nuestras mentes. Sobre esa sólida base, es posible elegir con cierta comodidad entre las distintas estrategias posibles. Y parece que la más presentable, sobre todo para un Gobierno nacido con el plácet del independentismo, es la vía del dialogo. No importa el tipo de concesiones que se hagan al secesionismo: todo el mundo sabe -también el nacionalismo- que la independencia de Cataluña es imposible.

En realidad, esta posición comete un error monumental en términos prospectivos. No percibe que conforme el independentismo gane terreno por la vía del dialogo tendrá un costo mucho más alto tratar de detener en el futuro la deriva secesionista. Responder al desacato de la Generalitat de Torra hoy con un 155 tiene un costo considerablemente menor, que si se trata de frenar el proces dentro de diez o quince años. Conforme se prolongue el dialogo interminable, se incrementará la cantidad de coerción necesaria para detener la secesión. Es decir, aumentará la violencia y el dolor de la sociedad real.

El mantenimiento del dialogo, incluso sin resultados (como critica Torra), es una herramienta principal para la estrategia de largo plazo que privilegia Junqueras. Cierto, también representa un rédito político para un Gobierno como el de Sánchez cuya victoria será resistir. Pero respecto del problema de fondo, como impedir la secesión de Cataluña, la vía del dialogo no es mas que una enorme trampa que supondrá mucho sufrimiento a la sociedad española “mas tarde o más temprano”, como bien dice el líder de ERC.
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