Donde dije digo, digo Diego. En el lenguaje coloquial estamos muy acostumbrados a utilizar esta expresión para referirnos al cambio de criterio y de argumento respecto a un asunto. En política ocurre a diario que nuestros dirigentes viran su discurso para salir del paso de controvertidas actuaciones.
Estos últimos días, en el marco de la investidura del ya Presidente del Gobierno central, lo hemos confirmado. Pero éste no es el único ejemplo... Hay más... sigan leyendo...
En 2017 fueron muchas las voces discordantes ante la decisión del entonces Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro cuando el dirigente popular decidió intervenir las cuentas de algunos ayuntamientos, entre ellos el de Madrid ya que disponían de superávit suficiente. Entonces, el partido de Pablo Iglesias, inminente Vicepresidente del Gobierno de España, fue el primero en poner el grito en el cielo.
Vamos a ver, ahora, qué dicen estos ante la decisión de la consellería de Educación de reducir la asignación económica a todos aquellos centros educativos que tienen más de un diez por ciento de su asignación en remanente en el banco.
Desde un punto de vista formal, la intervención del Estado en las cuentas de organismos públicos es práctica de los regímenes comunistas. Y ésta es la decisión que ha tomado el gobierno de Armengol para los centros educativos para el año 2020.
De un plumazo nos cargamos la autonomía de centro e incumplimos la promesa del ejecutivo autonómico de no tocar las prestaciones sociales, es decir, educación y sanidad.
Desde un punto de vista practicista no veo nada mal la decisión del ejecutivo ya que muchos centros educativos se estaban convirtiendo en cortijos cuyos señores, los directores, generaban remanente desmesurado que ahora intentan justificar con argumentos baladíes. El presupuesto de los centros educativos se tiene que invertir en los alumnos y en el centro con la intención de mejorar la calidad educativa. Ésta no se mejora ahorrando dinero en una entidad financiera.
Lo más gracioso de todo esto es ver cómo nuestros políticos estructuran su discurso en función del contexto; cuando, en realidad, debería construirse el discurso político en base a la ideología. Es lo que ya aventuró Groucho Marx: “estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”. Unos y otros deberían decir algo al respecto. Ahí lo dejo.