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Alea iacta est

miércoles 01 de enero de 2020, 04:00h
Parece ser que la suerte está echada, los dados ya vuelan por los aires y Sánchez podrá vivir la Pascua Militar como presidente efectivo y no en funciones, aunque tanto da lo uno como lo otro; siempre navega en la felonía.

Nos ha endilgado un discurso de presentación, juntamente con el otro renegado, el Pablo anti-iglesias, repleto de términos y expresiones ampulosamente vacuas, pero de tremenda intencionalidad perversa. Progresismo, feminismo, ecologismo, cambio climático, igualdad, laicismo, etc., son puros sinónimos o acepciones de la verdadera expresión que late en la intencionalidad de ambos personajes, odio. Estos dos hombres, con sus confluencias, odian a todo lo que pueda significar o haber significado y distinguido a España como nación, como pueblo. Lo odian hasta el punto de no importarles entregarla a los enemigos declarados de ella, conocidos como PNV, como Compromís, como ERC como soberanistas o comunistas podemitas. La codicia de uno y otro les impulsa a trocear, desmoldar, descuajeringar no solamente el territorio sino la propia esencia de la nación española. Y con ella sus instituciones con la excusa de anunciar el potenciamiento de la democracia. Mentira, todo mentira.

El socialista Sánchez lo ha trastocado todo, desde la Justicia, hasta la Sanidad. Todo para él es mercancía de cambio o trueque. Su codicia le permite compartir gobierno con una ideología totalitaria, estatalista, asesina de millones de seres humanos bien por hambre, el holodomor ucraniano, o por la esclavitud, el GULAG siberiano. Esta es una de las aristas del progresismo que hay detrás del Pablo. Lo de Bolivia puede que sea un síntoma de cómo entiende la política el comunista. Sin embargo, habrá más; censura de noticias en internet, dominio de la televisión pública, espionaje de actividades privadas, intromisión en la conciencia de todos los españoles, hombres o mujeres, hasta llegar a su cama. Es el intrusismo del Estado en la vida de sus ciudadanos, es el totalitarismo lo que nos han anunciado. Es la consecuencia de que, ni uno ni otro cree en la democracia como sistema político entronizador de la libertad individual. Para ambos seudo políticos, lo importante es el Estado, no el ciudadano. Este es simplemente la ubre de la cual sacar el maná para pagar sus extraordinarios dispendios.

Odio, odio al hombre, odio a la libertad, odio a la competitividad, odio al esfuerzo personal, odio a la libertad de expresión, odio a la libertad de conciencia, odio al éxito, odio a la generosidad. Odio a todo aquello que no esté dentro de su perímetro ideológico. El rastro que ambos han ido dejando estos últimos meses lo demuestra, para quedar confirmado con ese pacto u hoja de ruta firmada como guía de progreso, feminismo, ecologismo y todos los ismos que pueden caber en un discurso de dos mil palabras ampulosas y engoladas.

La suerte está echada y España cruzará el Rubicón dejando atrás un periodo de saneamiento económico, de creación de empleo, de presencia en Europa, de consideración internacional, de creatividad ciudadana, de trabajo útil, para caer en la sima del gulag soviético. El coste de todo ello está a la vista; Navarra y sus cadenas, la Guardia civil y su prestigio, los jueces sumisos, la Abogacía del Estado desperdigada, León convertido en cantón leonés, Valencia y Baleares presa consentida del imperialismo catalanista, la lengua española arrinconada, y las cárceles abiertas para etarras y sediciosos. Pronto llegarán los comisariados, los lubiankas, los beria, los molotov implantados como inspectores de todo lo divino y humano que pueda acontecer en la conducta y en el pensamiento del ciudadano.

Y lo peor de todo ello es que lo piensan implantar con la excusa de aumentar la democracia, la libertad, los derechos, incluso nuevos a estrenar, cuando lo que reza el documento de marras y la hoja de ruta es precisamente todo lo contrario. Imposición de pensamiento, de conducta políticamente correcta, de expresión de conciencia, incluso de apropiación de la soberanía nacional. Un referéndum puramente catalán, una restructuración territorial, una nación vasca, una nación catalana, con resultado para todo el territorio nacional es una confiscación de la soberanía que descansa en todo el pueblo español, en toda la nación.

El camino anunciado tiene un recorrido que se insinúa previsible en su meta; borrar el sistema y régimen actual y retrotraernos al 31. Así de simple. Y ello, al grito de “viva la democracia”, lanzado desde la cima de la egolatría y de la codicia, mientras el pueblo está asentado en el tardeo, en la tapa y en el subsidio. Unos personajes en los cuales algunos creemos, los reyes magos, nos van a traer el peor de los regalos; un saco inmenso de carbón picado por dos ególatras, codiciosos y vendedores de la patria, de mi patria, de nuestra patria. Una patria que es preciso despierte. Posiblemente lo hará, pero con los campanazos de la crisis económica, moral, fiscal y social hijas del comunismo.
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