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A vueltas con la tercera España

sábado 28 de septiembre de 2019, 02:00h

Bien, una vez que ya sabemos que Errejón ha dado el salto a la política nacional, todo parece dispuesto para unas semanas de recorrido previsible, con algunos sobresaltos limitados, al menos hasta que el Tribunal Supremo emita la sentencia sobre el procés. Podemos aprovechar esta circunstancia para reflexionar sobre asuntos menos coyunturales. En esta oportunidad, me parece oportuno el tema que ha traído Javier Cercas sobre la discusión de la España dividida durante la II República, con su artículo titulado provocativamente, “El timo de la tercera España” (El País, 22/09/19).

Cercas comienza reconociendo que la idea de la tercera España “ahora mismo goza de un crédito cada vez mayor”. Al tiempo, dice no saber cuál es el origen de la idea. Y eso es difícil de creer. En primer lugar, porque me parece imposible que Cercas ignore la obra de Salvador de Madariaga, quien tematizó mas ampliamente la idea (de hecho, él mismo se consideraba parte de la tercera España). Tampoco creo que no conozca el fenómeno de los intelectuales que apoyaron la llegada de la República y que fueron alejándose después (el “no es eso, no es eso”, de José Ortega y Gasset). Pero estoy seguro que conoce a Chaves Nogales o a Andrés Trapiello, por mencionar sólo algunos nombres emblemáticos. De hecho, Trapiello acaba de reeditar “Las armas y las letras” y, en su presentación, repite la idea: “La tercera España es la que acabó sometida a cualquiera de las otras dos, y, en definitivas, la silenciada, la mayoritaria”.

Desde luego, es necesario comenzar por precisar la idea. Cercas identifica la tercera España con una actitud equidistante entre las otras dos (la “nacional” y la “roja”), que se posiciona neutral en el contexto de la guerra civil. Y tiene sólo razón parcial. Porque es cierto que un segmento de esa tercera España adoptó esa cómoda neutralidad, pero también es cierto que mucha gente, como Chaves Nogales, no dejó de apoyar la República, sino que tomó distancia de la forma en que el bando republicano la defendía. Insistía en que se apartaba de esa defensa por la repugnancia que le provocaban los asesinatos de unos y otros. “En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes”.

En realidad, la acepción de la tercera España que utiliza Cercas está cautiva de una visión simplista del conflicto. Por ejemplo, cuando cita Orwell. Dice el británico: “En esencia fue una guerra de clases. Si se hubiera ganado, se habría fortalecido la causa de la gente corriente; pero se perdió, y los potentados de todo el mundo se frotaron las manos. Ésa es la cuestión de fondo; todo lo demás es apenas espuma en la superficie”.

Hoy sabemos que la cuestión es bastante más compleja. Es muy probable que si se hubiera ganado, se habría hecho bajo una “democracia popular de nuevo tipo”, es decir, algo muy similar a lo que se instaló en los países europeos del entorno de la Unión Soviética; una dictadura política que empobreció sensiblemente a la gente corriente. Es decir, aunque hubiera seguido llamándose República hubiera sido lo más alejado de una democracia.

Es cierto que las dos Españas enfrentadas subordinaron a una tercera España que no estaba a favor del enfrentamiento. Y dentro de esa tercera posición había gente muy dispar. Una parte estaba compuesta por habitantes de la España profunda que apenas estaban en contacto con la tensión política nacional. Y entre los que sentían esa tensión política, al lado de quienes efectivamente deseaban ver los toros desde la barrera, estaba mucha gente que quería la salvación de la democracia y comprobaban con dolor que bajo la República también se estaba destruyendo vertiginosamente.

Cercas cae en la simplificación que supone confundir la República en guerra con la defensa de un sistema político democrático. No sólo por el hecho del Estado de excepción que supone la situación de guerra, sino también por el procedimiento y los objetivos políticos que acabaron buscándose. La Republica comenzó siendo un régimen legítimo, pero luego acabo convirtiéndose, como se decía entonces, en un régimen burgués que había que derrocar. Hoy sabemos que eso significa ni más ni menos que tirar el bebé con el agua sucia. Por eso Cercas no debería meter en el mismo saco a todos los que se reclamaron de la tercera España. Porque muchos de ellos sí fueron genuinos defensores de la democracia.

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