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Hipocresia

miércoles 12 de junio de 2019, 04:00h

Estamos pasando de la simple paradoja a la mayor de las hipocresías. El espectáculo mediático con todos los parámetros y cruces posibles se está dando y se dará hasta el próximo 15. Esta es la fecha tope para que se esclarezca, temporalmente, quién coge la vara, sea de alcalde sea de presidente de Comunidad. En medio de tal desbarajuste llama poderosamente la atención dos extremos, el de Ciudadanos y el de Sánchez. En cierto modo, tienen en común su negativa absoluta a sentarse con los representantes de Vox, dado que, según dicen, son representantes de extrema derecha. Ciertamente, de centro no son, pero de eso a que la reducción de impuestos, el adelgazamiento de la administración, el rechazo a la maldita memoria histórica y la oposición al adoctrinamiento que hay detrás de tanta ideología de género sea de extrema, va un abismo. Sin duda alguna, Vox lanzó las campanas al vuelo antes de que se abriesen las urnas y, ahora, no puede adoptar una posición altanera que no le conceden sus votos. Pero de eso, a no querer ni darles la mano, va un abismo. En gran medida, comparar los programas electorales de Rivera y de Abascal, permitirían concluir que son coincidentes en más de un cincuenta por ciento. De ahí que, proclamar que no desean tiznarse dando la mano o sentándose en una mesa negociadora es un postureo típico. A fin de cuentas, salvando las distancias, tan hipócrita es esto, como la petición de Sánchez de recibir la abstención de C, s y de PP, por aquello de la responsabilidad y la gobernabilidad y la constitucionalidad y la patria hispana.

En primer lugar, olvida que no hace muchos meses, el negarse a abstenerse por parte de Sánchez, le costó el escaño por dimisión, saliendo con la famosa frase de «no es no». Y, en estos momentos, pretende que, por ser él quién es, forzosamente su ritornelo se convierta en boca de Rivera y Casado en un «sí es sí». Antes su negativa era responsabilidad de Estado, ahora, por provenir de sus adversarios, es irresponsabilidad de Estado. Obviamente, se le puede responder con sus mismas palabras, es decir, búscate la vida en otros campos ya trillados. Como sucedió cuando la moción de censura, en ella no tuvo escrúpulo alguno en aceptar tanto las palabras como el voto de Bildu o Compromis o las mareas comunistas. Por descontado que, solamente se trata de postureo hipócrita, detrás del cual está la mano de Iván, que maneja los hilos de su presidente indicándole que pie debe mover y que mano debe levantar o bajar, para mantenerse en la Moncloa. El resto de los mortales, socialistas o no socialistas, que se ganen la vida, que ya son mayorcitos.

Y mientras todo ello pasa delante de nuestra mirada, un anti casta, un antiburgués, un pro-soviet, un paladín de la gente, semeja el sintecho de la esquina que, extendida la mano, solicita una «ayudita» para ir viviendo. En este caso, el interfecto sí tiene techo y vive a cubierto ― casoplón le llaman ―, con su pareja, su progenie y una salus a cien euros la noche. Hipoteca, gastos de manutención, gastos corrientes, gastos de mantenimiento, salus, jardinería, están muy lejos de los tiempos del pisito de 60 m2 en Vallecas. Mucho gasto que precisa de alguna ayuda, como, por ejemplo, un ministerio. O dos. Y en ello está el macho alfa, olvidado de sus votantes y de sus conmilitones, purgados estos al más puro estilo soviético. La vida es lucha gritaba Lenin, y ahora, el antiguo anti casta parece ser que se ha aburguesado, al haber saboreado las mieles de la vida pudiente. Pero, oh dioses, la pasta no basta y el rebaño se ha soliviantado. Por lo tanto, olvidado el 15-M, Vallecas 1, 2 y 3, hay que lograr un sillón ministerial al cual agarrarse, cual teta espléndida.

Fue Azaña quien proclamaba que, si los españoles callásemos un momento, tendríamos el silencio apropiado para pensar. Pues bien, ni Sánchez, ni Iglesias, se han parado a pensar, ni están callados para meditar y recordar sus anteriores palabras. Palabras que no significaban, sino que el pactar con Bildu, con ETA, con NB y todos los independentistas fue un acto de democracia pura, pero hacerlo con Vox es propio de totalitarios fascistas. Sin embargo, para un veterano y genuino comunista como Julio Anguita, Vox no es fascismo, sino neoliberalismo en estado puro. A fin de cuentas, lo nazi viene del nacional socialismo, término este último muy apreciado por Lenin. Sin embargo, las palabras para el socialista se las lleva el viento cuando le conviene. Y si no que se lo recuerden a otro figura como Javier Bardem, quién, tiempo atrás despotricaba contra la usurpadora clase alta, reclamando que pague más impuestos quién más gana, y resulta que, mientras tanto, él se hallaba inmerso en un procedimiento fiscal del cual ha salido escaldado por importe de 170.000 € por fraude fiscal. Maravilloso mundo el que nos ofrece como espectáculo la hipocresía de unos pobres obreros a quienes no se les caen los anillos a la hora de vivir como burgueses, al más puro estilo victoriano. Y lo grotesco es que, encima, habrá quién les vote.

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