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El Gobierno puede esperar

sábado 11 de mayo de 2019, 11:22h

La importante e indiscutible victoria electoral de Sánchez se enfrenta a la dictadura de la aritmética. Se asienta en el poder con 11 diputados menos que los que consiguió Rajoy en la anterior etapa de gobierno y afronta las consecuencias de un triunfo que unos jalean, otros lamentan, todos respetan y a muchos alertan. Con 123 diputados y el patente apoyo radical de comunistas e independentistas desafía su propio futuro y el de todos los españoles.

Sánchez, en poco más de un año, en una impresionante remontada, ha pasado de ser defenestrado por los suyos, acusado de un televisado intento de pucherazo, detrás de las cortinas, en la propia sede nacional del PSOE, a recuperar el partido y ser el responsable de dirigir el país.

Es lógico que se esté a la espera de los resultados de las elecciones locales, insulares, autonómicas y europeas para inclinar sus apoyos y acciones, mientras se definen los acuerdos en el desafiante reparto de las Mesas del Congreso y del Senado. Los resultados de esta segunda vuelta que él y solo él ha provocado, con el adelanto de las generales, pueden marcar y lastrar sus apoyos definitivos.

En estas circunstancias, es razonable pensar que la constitución del nuevo Gobierno pueda y deba esperar. Sin embargo, no podemos olvidar que los acuciantes problemas que los ciudadanos tienen pendientes de ser resueltos están sobre la mesa. Que los dependientes tienen necesidades acuciantes, que los pensionistas esperan que se ejecuten las promesas, que el número de parados tiene que acercarse a la de los países desarrollados y que cada segundo que pasa somos más pobres; la deuda española aumenta en mil euros. Todos los españoles necesitamos un gobierno, que además de meternos la mano en el bolsillo, sintamos como propio independientemente de nuestra ideología, que nos represente sin sectarismos, que nos defienda de las amenazas internas y externas, que genere confianza y seguridad y que mantenga el estado del bienestar.

La legislatura que va a iniciarse casualmente es la XIII. La levedad del Zapaterismo está demasiado cercana. Los gestos y las sobreactuaciones no arreglan los problemas. Los fanatismos y la intolerancia no son buenos compañeros de viaje. El precio de la estabilidad puede ser muy caro, demasiado costoso para poder pagarlo sin comprometer el futuro e integridad del país.

Sin embargo, el tiempo del tactismo y de las promesas ya ha terminado. Es la hora de la acción. El gobierno puede esperar, las necesidades de los españoles ya no.

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