Turnos partidos, jornadas maratonianas y bajos salarios en hostelería
miércoles 08 de julio de 2026, 12:18h
Actualizado el: 08/07/2026 13:50h
Las cifras de afiliación muestran la alta rotación y volatilidad en un sector que crea empleo, pero lo destruye casi al mismo ritmo. No falta mano de obra, falta empleo de calidad, denuncia CCOO Servicios.
La hostelería es uno de los sectores más dinámicos en términos de creación de empleo de la economía española y cerca de 1,5 millones de puestos de trabajo que genera al año están afectados, de una u otra manera, por los ritmos del turismo. Sin embargo, sigue siendo un sector que no consolida empleo, al verse lastrado por una tasa de rotación de las más altas del mercado laboral español.
Para CCOO Servicios, la fuga de profesionales en hostelería es una realidad incómoda para una parte del empresariado que la achaca a factores que nada tienen que ver con la verdadera razón por la que miles de personas trabajadoras optan por abandonar esta profesión: la precariedad laboral.
“En el aumento de contratación en la hostelería hay que resaltar su elevada rotación laboral, siendo esta una de las más altas de la economía. Sus causas principales son los bajos salarios, la temporalidad, las jornadas maratonianas, las excesivas cargas de trabajo y la falta de perspectivas de desarrollo profesional, que hacen que la precariedad sea la norma del sector y el empleo de calidad una realidad poco común. No faltan profesionales; lo que faltan son condiciones laborales dignas en nuestro sector”, explica
Paco Galván, responsable de Hostelería y Turismo de CCOO Servicios.
Los datos de altas y bajas de afiliación en el Régimen General de la Seguridad Social muestran que la hostelería mantiene una elevada capacidad de generación de empleo, pero sobre una dinámica de rotación laboral extrema. El sector no solo genera un volumen muy elevado de entradas al empleo, sino que también registra un número prácticamente equivalente de salidas, lo que evidencia una fuerte inestabilidad que obliga a recomponer permanentemente las plantillas.
En 2025, la hostelería registró 4.145.763 altas de afiliación y 4.118.879 bajas. Es decir, por cada 100 altas se produjeron 99,4 bajas. El saldo neto anual fue de apenas 26.884 afiliaciones netas, una cifra mínima si se compara con los 8,2 millones de movimientos brutos registrados durante el año.El fenómeno afecta tanto a los servicios de alojamiento como a los servicios de comidas y bebidas. En los primeros (CNAE 55), en 2025, se registraron 814.843 altas y 806.798 bajas, con un saldo neto de 8.045 afiliaciones. En los segundos (CNAE 56), se contabilizaron 3.330.920 altas y 3.312.081 bajas, con un saldo neto de 18.839 afiliaciones.
La tendencia continúa en 2026. Entre enero y mayo, y con un comportamiento similar al mismo periodo de 2025, la hostelería registró 1.691.682 altas y 1.423.003 bajas, con un saldo neto positivo de 268.679 afiliaciones. Aunque se trata de un periodo expansivo previo a la temporada turística, el volumen de bajas sigue siendo muy elevado: 84,1 bajas por cada 100 altas.
Estas elevadas tasas de rotación reflejan asimismo otro de los déficits en términos de empleo que caracteriza al sector turístico. Y es que mientras que la industria sigue cosechando cifras récord, como muestra el informe de coyuntura del primer cuatrimestre de 2026 elaborado por este sindicato, el número de empleos creados sigue siendo insuficiente para cubrir el aumento y los picos de demanda, lo que incrementa las cargas de trabajo para unas plantillas ya de por sí exiguas.
“En la hostelería ha aumentado la contratación, pero no ha sido proporcional al nivel de aumento del servicio requerido, lo cual provoca exceso de cargas de trabajo, falta de conciliación y deterioro de la salud física y mental, con el consecuente aumento de las incapacidades temporales. Es imprescindible un compromiso real por parte de las empresas y de la Administración para dignificar y profesionalizar el sector”, subraya Paco Galván.
En suma, la situación de la hostelería y los datos expuestos confirman que no se trata de un problema coyuntural ni limitado a los picos de actividad turística, sino de un problema estructural del modelo laboral de este sector, incapaz de retener talento, estabilizar plantillas y transformar la creación de empleo en empleo estable y de calidad.