Vuelve el debate de si la izquierda debe pactar con la derecha para evitar que Vox acceda al Gobierno. Hay quien duda sobre quién ha influido más para el crecimiento de los ultras y quien asegura que la derecha española, formada por la democracia cristiana y los liberales, no tiene nada que ver con la europea para poder acordar con ella, como hacen en Alemania los del SPD. Sería fácil afirmar que el espíritu del 78 empezó a resquebrajarse a partir de la llegada de Zapatero al poder, reabriendo la herida de la Guerra Civil con las leyes de memoria, y esto equivaldría a que la Transición no sirvió para nada.
En el fondo es lo que consagran los socios del Gobierno cuando dicen que a ellos no se les preguntó. Aquí no se trata de buscar culpables sino de aclarar algunas cosas. Todavía están calientes los versos de Antonio Machado desde su tumba de Colliure ( a nadie se le ha ocurrido regresarlo a España como sucedió con otros republicanos). “Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Lo que no queda claro es cuáles son esas dos Españas. ¿Son la totalidad de los españoles divididos por dos o unos extremos que se han distinguido siempre por su intransigencia?
La respuesta podría estar al representarlos en aquellas minorías que no intervinieron en el proceso constituyente de 1978. En el caso de ser así, ¿quiénes de los grupos actuales mantiene aquel compromiso? ¿A quién le conviene continuar con el debate ficticio del enfrentamiento entre el fascismo y la extrema izquierda, con la colaboración de oportunismos nacionalistas y las tentaciones autárquicas e individuales de algunos ambiciosos? España no está formada mayoritariamente por ninguno de los dos extremos. Es más, me atrevería a decir que nunca lo ha estado, que todo obedece a la representación de un panorama falso.
Yo me niego a pertenecer a una de las dos Españas de Machado, y como yo hay millones de ciudadanos que formamos esa mayoría silenciosa que se deja mangonear por la guerra de unos pocos. A Machado conviene mantenerlo en Colliure. Así el mito seguirá vivo y servirá para que quienes lo utilizan vayan de romería a ponerle flores. Goya también pintó a dos Españas dándose garrotazos, pero él mismo sabía que había otra mayoritaria que no lo hacía. Luego van al Prado y ven cómo juegan a la gallina ciega y se van a la pradera un día soleado bajo la protección de una sombrilla.
No todo es el 2 de mayo ni la carga de los Mamelucos, que hacen sospechar de un pintor afrancesado obligado por la sensibilidad patriótica. Bailén para muchos fue la carencia de una oportunidad, y perder por unos cuantos años el tren de la historia, o el andén, como decía Gómez de la Serna. Otra vez estamos sentados a las puertas de la fábula discutiendo si son galgos o podencos los que nos vienen a devorar, y así nos va.