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Otro sábado

Por Julio Fajardo Sánchez
sábado 23 de mayo de 2026, 14:41h

Como todos los sábados lo primero que hago es leer el artículo que Antonio Muñoz Molina publica en El País. Hoy viene acompañado de uno de Ana Iris Simón sobre la crisis de la izquierda que la izquierda no quiere ver. Antonio se encuentra en Madrid con dos amigos. Uno es físico cuántico y viene de China; el otro es psiquiatra y es catedrático en Canadá después de ser rechazado por un universidad media española. Con los dos trata sobre la incomprensión del mundo que se nos viene encima. Ese que nuestra generación es incapaz de entender. Nosotros éramos del ámbito del carbono y el que invadirá al futuro es el del silicio. Uno orgánico, más de acuerdo con nuestra naturaleza, y otro invadido por impulsos electrónicos que solo saben distinguir entre el sí y el no.

Llega a decir que hoy hay más transistores que granos de arena. La comparación no está mal, pero es indicativa de que cada vez es más difícil identificarnos con una composición de reacciones en cadena que seamos capaces de entender. Habla de saber y sabiduría, algo que nunca ha quedado claro en el distingo que hace el lenguaje entre conocimiento y prudencia, como sucede en francés con los términos sage y savant. Dice que el mejor campo de experimentación para conocer la estructura psíquica del ser humano está en la literatura y en la pintura. Creo que es así, y, por tanto, sitúo la crisis en el reconocimiento de nosotros mismos en la falta de interés que tienen estos medios de expresión para progresar en un ambiente desapasionado. Va a resultar complicado que nos conozcamos a nosotros mismos, como decían los griegos, si hemos construidos una sociedad a la que le ha salido un smartphone como un apéndice de sus orejas, sin darse cuenta de que son las antenas para la información de los oligarcas.

Ayer triunfaba Bad Bunny en Barcelona y dentro de unos días lo hará en Madrid. Cientos de miles de jóvenes, y no tan jóvenes, se reunirán apretadamente para dar culto a su figura y escuchar su mensaje insulso como si fuera el Sermón de la Montaña. Ana Iris Simón habla de las plazas del 15 M y a mi me recuerda que una ilusión se ha cambiado por otra; se ha diluido hasta quedar en nada y ya no nos queda más refugio que quedar con un amigo para tomar un te o un cóctel y hablar de física o de psiquiatría. Me interesa eso de trasladar las partículas elementales a la estructura cerebral. En el fondo actuamos con bits de inteligencia y la tendencia desesperante es que los pretendemos transformar en una artificialidad.

Debería conformarme con pertenecer al mundo obsoleto del carbono al que, entre todos, me obligan a odiar. Pero yo me estudié la tabla periódica y sé que el silicio está a su lado y comparte con él un sinfín de propiedades. Que da igual basar el mundo en un elemento que en otro. No vamos a ser menos orgánicos por eso. Siempre hemos vivido asfixiados por la superabundancia de la mediocridad, por la utilización del populismo y por la ambición, pero la historia está ahí para demostrar lo fácil que es caer en la estúpida adoración a un becerro de oro. Los mansos seguiremos existiendo a la espera de que un nuevo patriarca suba al Sinaí a bajar las tablas de la ley. Mientras tanto continuaremos siendo orgánicos, que quiere decir sensitivos, aguardando a que las cosas cambien sin cambiar, igual que en el Gatopardo.

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