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Escribiendo bajo la lluvia

Por Julio Fajardo Sánchez
martes 24 de marzo de 2026, 13:23h

Llueve, detrás de los cristales llueve y llueve. Esta Therese no acaba de irse. Sustituye a otras borrascas que se presentaron desde hace unos meses y se resisten a dejarnos, como en los viejos tiempos, cuando en las tiendas vendían chanclos y gabardinas. Además hace frío. Al menos donde yo vivo es así. Una nube gris lo cubre todo y una cortina de agua se descuelga delante de mis narices y empaña los cristales de la ventana. Tengo una ventana para contemplar la vida y hace tiempo que no me reconforta con una mañana soleada. Menos mal que está el ordenador para ver qué sucede en otros lugares más placenteros.

Antes era éste el mejor que podía imaginar, pero, ya ven, ahora todo se ha torcido y ya no se escucha la canción del seguro de sol. Esta es otra ventana digital que me ofrece una versión virtual de lo que no veo. Anoche vi a Brasero enseñando el mapa y el icono representando a un nubarrón que había sobre Tenerife era más oscuro que las tímidas brumas que alternaban con Lorenzo en la península. Esto no es normal, me dije, pero la memoria me lleva a un tiempo en que llovía en invierno y en primavera se decía aquello de abril aguas mil.

En El País hay un artículo de Ignacio Sánchez Cuenca insistiendo sobre un acuerdo entre PP y PSOE para frenar a Vox. Dice que esto es muy difícil, y yo lo considero imposible. El precio del petróleo oscila cuando Trump abre la boca y baja y sube en función de con qué ayatola hable. Las milicias kurdoiraníes que están en Irak dicen que el régimen está a punto de caer, pero esto no es muy fiable y no le afecta al barril de Brent. Veo a mi coche aparcado frente a la casa y la lluvia lo ha dejado reluciente. Necesita que lo limpie por dentro con una aspiradora. Siempre nos olvidamos de lo que no se ve, como en el polvo debajo de la alfombra de mi novela.

Ha dejado de llover, la nube ha bajado a ras del suelo y ahora no veo nada. El techo de Alcampo que tengo enfrente está oculto por la neblina. La niebla no limpia sino ensucia. Es algo que tiene que ver con la presión atmosférica, pero ahora no tengo tiempo de pensar en eso. Alsina hablaba ayer con Zapatero y hoy recuerda cuando Sánchez dijo lo de la fiscalía de quién depende. Con estas cosas es difícil que se pongan de acuerdo para lo de Vox. Debería haber un partido que coincidiera al menos en lo de la Transición y volviera a considerar que aquello fue una cuestión de borrón y cuenta nueva y habría que volver a tenerlo en cuenta.

El secreto de la Transición fue el entierro del odio, y hoy el odio, no se sabe el porqué, ha sido resucitado con mayor virulencia, regresando a tiempos que no es recomendable recordar. El año pasado, sin ir más lejos, fue el año de Franco, y pasó sin pena ni gloria, a pesar de que se habían anunciado multitud de festivales para celebrarlo. Cabalgamos peligrosamente sobre las brasas de la historia, sin darnos cuenta del riesgo de que se repita, como lo hace esta lluvia majadera, que es la misma que veía desde la ventana de mi casa de Cabrera Pinto. Tenía once años y no distinguía los árboles, envueltos en bruma de la plaza del Cristo, cuando dejaba de llover. También los naranjos del jardín se escondían detrás de los vapores grises, pero al día siguiente salíamos a jugar. Ya no es lo mismo. El tiempo se lo ha llevado todo menos el recuerdo. Dentro de poco no nos quedará ni eso.

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