Leí en www.as.com que un ayuntamiento de la península, Ubrique, había tenido que indemnizar a una ciudadana con más de catorce mil euros para paliar las consecuencias que había sufrido la señora por una caída al transitar por una acera en mal estado de conservación. Al leer esto, no dejo de pensar en la de veces que me habré podido tropezar al caminar por los diferentes entornos por donde me muevo. Sin duda la fortuna me ha acompañado y no he terminado siempre en el suelo. Una vez sí que me pasó, pero sin más consecuencias que la vergüenza sufrida al escuchar la frase que me dedicó el chico que me ayudó a levantar: ¡vaya pencazo, jefe! Y, todo por una loseta medio levantada en una esquina transitada por muchísima gente en La Laguna, como lo es la esquina de la Universidad que está más cerca del intercambiador de esta ciudad. Pero, esas aceras no es lo único que está necesitando la atención municipal. ¡Qué va! En la misma calle, el estado del asfalto, es un rompe amortiguadores para los vehículos. ¿En el Consistorio serán conscientes que una vía por donde circulan guaguas de alto tonelaje, debería tener un nivel de mantenimiento y reposición con mayor frecuencia que otras calles de la ciudad? ¡No basta con pintar el asfalto! Y, aunque se agradece, no solo existe la Avenida de la Trinidad.
Ahora vivo en esta bonita ciudad Patrimonio de la Humanidad y tengo que confirmar que tiene rincones que justifican ese título del que no solo los laguneros y laguneras han de sentirse orgullosos, sino la totalidad de la isla. Pero esa condición, también comporta sus responsabilidades. Y, esto último, no es solo una cuestión que señale a quienes obtienen su sueldo de la política, sino a toda la población que reside en la ciudad y en Tenerife por extensión. Si pensábamos que, tener el privilegio de ser la única ciudad en Canarias y una de las quince que existen en España merecedoras de ese título, era solo para fardar y/o restregárselo por la cara a quienes merezcan tamaño bofetón, estábamos equivocados. La responsabilidad de mantenerla impoluta para que pueda ser disfrutada por todas las personas que vivan en ella, o la visiten, es una cuestión que va más allá de la Casa Consistorial. Lo que no quiere decir que en dicha institución se relajen lo más mínimo.
Con tomar cartas como ciudadanos que somos, no quiere decir que tengamos que ponernos al tajo como si formáramos parte de la plantilla de mantenimiento de la ciudad; pero sí que podemos estar atentos a cualquier cosa que no funcione como es debido y comunicarlo en las oficinas pertinentes para que se subsane lo que se considere que debiera ser reparado. También es importante respetar las normas del municipio para, por lo menos, enviar un mensaje claro al Ayuntamiento: “Yo cumplo y, por lo tanto, exijo que se cumpla”. Si desde el Ayuntamiento se marcan unas pautas para la recogida de enseres y no las respetamos, estaremos fomentando el aspecto de suciedad que se observa en algunos rincones. Si cuando hacemos una obra en casa, nos desprendemos de los escombros en cualquier barranco, estaremos aumentando el riesgo de bloquear su cauce en los momentos de lluvia. Si observamos a algún desaprensivo pintando paredes y puertas de garaje y no llamamos a la policía en ese mismo instante, les habremos puesto una alfombra roja a esos “artistas” y un camino de espinas a los propietarios de los “lienzos” donde ellos han dejado plasmada su “creación”. Podría seguir aportando situaciones donde la dejadez se hace dueña de nuestras obligaciones sociales; pero como no deseo caer en ese pozo, siempre que puedo, uso los medios que tengo a mi disposición para informar de todo aquello que creo merece una visual por parte de los técnicos de mantenimiento municipal y/o de quienes ganan su sueldo con el sudor de sus votos.
Así, y sin salir de la ciudad de Los Adelantados, debo informar e informo que, en la Avenida de Los Menceyes, los viandantes intentan levitar los desconchones en muchos tramos para no aterrizar de morros o de manos. Es tal el grado de falta de mantenimiento, que ya faltan losetas en un buen número de metros de dicha avenida. Se sabe que los árboles que están plantados -y bien plantados- tratan de ocupar más espacio, lo que provoca que sus raíces demanden más tierra. Tal vez lo que debería dársele es precisamente eso: unos parterres algo más altos con mayor cantidad de tierra, para evitar que esos seres vivos, sigan derramando sus raíces hacia la acera que les rodea. Sea cual sea la solución que se adopte, podría ser bueno que se adoptara antes de que dichas raíces sean de un grosor tan grande que ya solo quepa la poda total. Y, en cualquier caso, no me parece de recibo que se espere mucho más tiempo en reparar la cantidad de tramos de acera que está estropeada. Puede ser que su arreglo sea más caro que la sanción que un Tribunal de Justicia pudiera imponerle al Ayuntamiento, en el supuesto caso de que la denuncia pase de una queja en un papel a un formato más judicializado. ¿Será ese el motivo por el que no se hace un debido mantenimiento? En el caso de la sentencia que he mencionado al principio de este artículo, creo que se ha beneficiado a la persona que sufrió el daño, pero el perjuicio fue para toda la población del lugar. ¿No debería haber sido impuesta a quien tenía la responsabilidad de velar por el buen estado de los viales? Creo que lo suyo debería haber sido sentenciar a esa persona o personas que han de estar pendientes del cometido que tienen y por el que cobran un justo sueldo. Y, si me apuran mucho, al político responsable del propio Ayuntamiento de forma subsidiaria. No tocando, para tal menester, las arcas municipales, salvo que esas personas no tuvieran dinero para pagar la sanción. En ese caso, lo suyo sería una sanción de desempeño y sueldo.
Suelo bajar a Santa Cruz para unas caminatas hacia San Andrés y al dejar el coche, cerca del barrio de la Alegría, me sorprende que frente a un Hipermercado conocido, ya no hay ni aceras. Las raíces de unos árboles se han hecho “dueñas y señoras” del lugar y, donde antes se caminaba sobre unas losetas, ahora toca brincar sobre raíces y tierra. Si nos ponemos a pensar el tiempo que se toma un árbol, en desarrollar esas raíces a través del pavimento, podremos deducir el tiempo que lleva el responsable municipal haciendo una aparente dejación de su obligación en el buen mantenimiento del lugar. ¡Tal vez necesite un reto! También es posible que quien se haya caído en ese amplio tramo de acera junto al barranco, no haya interpuesto ni queja ni denuncia. O que los vecinos nada hayan reportado al ayuntamiento de lo mal que está su barrio. O que las personas responsables de la limpieza y/o jardinería, hayan pasado tres pueblos de informar a sus superiores de lo dañada que está la zona. Puede ser cualquier cosa, pero desde luego, de lo que si estoy casi seguro es que, eso está como está, porque algún eslabón de la cadena, está chirriando.
Por cierto, en un artículo comenté el deterioro de la flora existente en la mediana de la autopista. Al pasar por el tramo S/C-Laguna, he comprobado que han podado y se está replantando. Mis felicitaciones a quien se haya puesto al tajo. Aunque lo correcto sería siempre: mejor tarde que nunca, ¿verdad?