- Una conversación necesaria para las nuevas generaciones
Las manifestaciones del 8 de marzo en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, como para el resto del territorio, volvieron a llenar las calles de pancartas, consignas y debates. Para muchas personas jóvenes fue su primer 8M; para otras, un momento más dentro de una larga tradición de movilización feminista.
Sin embargo, quien observa con atención descubre algo que merece ser explicado con calma: hoy se habla mucho de “feminismos” en plural, como si todas las posiciones fueran equivalentes o simplemente diferentes matices de un mismo movimiento. Pero esa forma de presentarlo puede generar confusión, especialmente entre quienes se acercan por primera vez a estas ideas.
El feminismo nació como una lucha política concreta: la lucha de las mujeres contra un sistema que las ha situado históricamente en una posición de subordinación. No surgió como una identidad cultural ni como una etiqueta abierta a cualquier interpretación. Surgió para transformar una realidad injusta.
Por eso muchas feministas sostienen que el feminismo tiene un objetivo claro: terminar con todas las formas de explotación del cuerpo de las mujeres.
- Cuando el mercado entra en el debate
En las últimas décadas han aparecido discursos que utilizan el lenguaje de la libertad individual para justificar prácticas que, desde la perspectiva feminista clásica, siempre se consideraron formas de explotación.
Entre ellas se encuentran dos debates especialmente visibles:
La prostitución presentada como “trabajo sexual”
La gestación subrogada presentada como “altruismo” o “libertad reproductiva”
Quienes defienden estas prácticas suelen utilizar un argumento muy sencillo: si una mujer decide hacerlo, entonces debe considerarse una elección libre.
Pero el feminismo plantea una pregunta más profunda: ¿puede hablarse realmente de libertad cuando intervienen grandes desigualdades económicas y sociales?
En la mayoría de los casos, las mujeres que se encuentran en situaciones de prostitución o en circuitos de gestación subrogada proceden de contextos de vulnerabilidad económica o social. No se trata de un fenómeno aislado; es una realidad documentada en numerosos países.
Por eso muchas feministas consideran que estas prácticas forman parte de lo que se denomina mercantilización del cuerpo de las mujeres.
- El feminismo frente al neoliberalismo
Aquí aparece una diferencia fundamental que es importante explicar de forma pedagógica, sobre todo a las personas jóvenes.
El neoliberalismo tiende a convertir todo en mercado: la vivienda, el trabajo, los recursos naturales y, cada vez más, también el cuerpo humano. Bajo esa lógica, cualquier cosa puede convertirse en un servicio si existe alguien dispuesto a pagar por ella.
El feminismo, en cambio, plantea un límite ético muy claro: el cuerpo de las mujeres no puede ser una mercancía.
Desde esta perspectiva, la prostitución no se entiende como un trabajo más, sino como una institución que permite que los hombres compren acceso sexual al cuerpo de las mujeres. Del mismo modo, la gestación subrogada se interpreta como una forma de alquiler del cuerpo reproductivo femenino.
Por eso el feminismo abolicionista no busca regular estos mercados, sino eliminarlos.
- Una cuestión de dignidad colectiva
Cuando se habla de abolición, no se trata de juzgar a las mujeres que se encuentran en estas situaciones. Al contrario, el enfoque feminista abolicionista pone el foco en proteger a esas mujeres y ofrecerles alternativas reales.
La crítica se dirige hacia las estructuras que permiten que estas industrias existan: redes económicas, intereses empresariales y una cultura que ha normalizado el acceso masculino al cuerpo de las mujeres.

En ese sentido, el feminismo abolicionista no es una postura moralista, sino una postura política que defiende un principio sencillo: la igualdad entre hombres y mujeres no puede coexistir con mercados basados en el uso del cuerpo femenino.
- Por qué este debate importa a la juventud
Las generaciones jóvenes crecen en un mundo donde muchas de estas prácticas se presentan como modernas, progresistas o incluso liberadoras. Por eso es importante abrir espacios de reflexión que permitan analizar críticamente esos discursos.
Elegir el feminismo no significa repetir consignas ni adoptar una identidad sin cuestionarla. Significa comprender cómo funcionan las relaciones de poder en la sociedad y preguntarse qué modelo de igualdad queremos construir.
Un modelo donde los cuerpos no se compran ni se alquilan.
Un modelo donde la libertad no depende del dinero.
Un modelo donde la dignidad de las mujeres no se negocia en el mercado.
- El sentido profundo del 8M
Las marchas del 8M en Canarias recordaron algo esencial: el feminismo sigue siendo una conversación abierta, un espacio de reflexión colectiva donde cada generación vuelve a plantear las preguntas fundamentales sobre justicia e igualdad.
Pero también recordaron algo más importante todavía: que el feminismo no nació para adaptarse al mercado, sino para poner límites a las formas de explotación que históricamente han recaído sobre las mujeres.
Comprender esa diferencia es fundamental. Porque, cuando se habla de feminismo, no se trata simplemente de elegir una etiqueta. Se trata de decidir qué tipo de sociedad queremos construir.
Antonella Aliotti, Feminista Radical Antirracista. Defensora de la Casa Común. Activista de DDHH y Sociales. Responsable de Políticas Autonómica y Municipales Canarias PFAC