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“Nuestra historia en los huesos”

Por José Luis Azzollini García
lunes 09 de marzo de 2026, 10:41h

Volver a pisar la Universidad ha sido toda una experiencia muy enriquecedora. Tras algunos años viendo la posibilidad de apuntarme a los cursos que se imparten desde E.U.P.A.M., este año me matriculé en una asignatura que me resultó lo suficientemente atractiva como para aprender algo sobre la tierra en la que vivo. El curso en cuestión se desarrollaba bajo el título: “Arqueología de las islas. Culturas aborígenes de las islas”, y fue impartida por el profesor Doctor Cristo Manuel Hernández Gómez.

Hasta llegar a sentarme en las sillas del aula uno de la Facultad de Periodismo, mi conocimiento del mundo de los antiguos habitantes de las islas Canarias, se circunscribía a lo poco que había leído en algún libro especializado, al mundo de las leyendas o estatuas guanches de Candelaria y por las visitas al museo de arqueología que estaba ubicado en la trasera del Cabildo de Tenerife -ahora en el MUNA-. Es decir, una búsqueda fundamentada en argumentos meramente idealistas y poco más. En la enseñanza reglada, la historia de las islas canarias se contaba desde la conquista castellana hasta nuestros días. Y, además, con énfasis a la cultura peninsular. ¡Poco o nada de cultura aborigen!

En este curso en el que he participado como alumno, he podido descubrir la importancia de la ciencia a la hora de poder definir con auténtico rigor lo que pudo acontecer en los muchos siglos que nos separan de la realidad vivida por los antiguos pobladores de este rincón atlántico. He tenido acceso al verdadero significado del trabajo de personas que dedican su tiempo a proponer, descubrir, escarbar, limpiar, clasificar y, en definitiva, a trabajar e investigar sobre todo lo que nos pueden contar los huesos, utensilios y el rastro de unos seres que vivieron en el mismo suelo que ahora nos toca vivir a quienes podamos tener la inquietud de conocer esa historia. Una realidad que solo se podría sacar a la luz tras un trabajo profesional y reglado que me permite descubrir lo que “pudo haber sido” una buena carrera a estudiar.

De la mano del profesor que nos guio, pude conocer los métodos empleados en el mundo de la arqueología para la datación de las evidencias encontradas en los yacimientos. Ahora puedo afirmar, con más conocimiento, la necesidad de seguir invirtiendo en investigación. La importancia de determinar las fechas clave y que, el estudio de las distintas teorías existentes, nos puedan llevar a cambiar, de una forma más concluyente, la realidad que pudo rodear a los primarios pobladores de las islas canarias.

Siempre hemos visto a los guanches, bimbaches, benahoaritas, gomeritas, majos y a partir de haber visitado la Cueva Pintada de Gáldar, los “guanartemes”, como personas de una altura considerable y una fuerza espectacular. Es posible que esa forma de definir a los pobladores de estas islas, esté bien de cara al “Turismo”; pero, podría ser igual de instructivo -si no más-, si en los yacimientos arqueológicos “musealizados” contaran con una exposición menos teatralizada y más científica de lo que allí se muestre.

Después de este gran curso, he podido entender la representación de esos primeros pobladores como una realidad que se ha ido idealizando, hasta convertirlos en verdaderos héroes de nuestra imaginación. Ahora, llegan estos científicos y nos traen una gran cantidad de teorías sobre la procedencia de aquellos pobladores. Pero si se tratara únicamente de tesis, la cosa estaría bien como para un buen debate y quedaría todo en eso; sin embargo, el trabajo que se nos ha expuesto en estas clases, ha venido lo suficientemente documentado como para saber que “ni tan altos, ni tan fornidos”. Hemos podido descubrir que, en la sangre de aquellos antiguos canarios, hay sangre bereber mezclada con fenicios, con romanos y vamos a ver si los estudios nos presentan mezclas de otra procedencia. Ha sido interesante ir descubriendo razonamiento a razonamiento, datación a datación, gráfico a gráfico, foto a foto, como se iban produciendo los distintos asentamientos en periodos anteriores a la conquista. Desde los yacimientos de concheros de la isla de Lobos, hasta las aldeas construidas con viviendas en forma de cruz; desde los enterramientos a “granel”, hasta los individuales en tumbas excavadas en el suelo o los más de seiscientos túmulos existentes en el “Maipés” de Gran Canaria. El trabajo de hormiguitas que ejecutan quienes decidieron dedicarse al mundo de la arqueología, nos ha ido mostrando una realidad sobre quienes vivieron, tiempos ha, en esta tierra isleña. Y, personas como yo, demandamos más. La necesidad de una segunda y, seguramente tercera parte de este curso, resulta imprescindible para seguir ahondando en nuestra cultura.

El uso que se le dé a todo lo descubierto, ya será cosa de lo que lo permita quien tenga la autoridad para hacerlo. Lo que sería de agradecer y, si es necesario exigir, es que no se disminuyeran los recursos necesarios para que aquella historia, sea conocida por la gente de ahora y de los que puedan venir. Está claro que el mundo científico en general y el de la arqueología en particular, necesitan de todo el apoyo gubernamental para que se cuente con medios sofisticados y actuales, para conseguir que este tipo de trabajo siga aportando evidencias cada vez más certeras. El profesorado está y parece que hay cantera para seguir aportando los recursos humanos necesarios. En cuanto al interés en conocer, puedo afirmar que existir, existe. Muchas gracias a EUPAM, y, por supuesto, al profesor Cristo Manuel Hernández Gómez por su docencia y un entusiasmo de tan fácil contagio que hacía que, el tiempo de clase y de sesiones, se hiciera corto.

Desde esta atalaya donde www.canariasdiario.com me permite asomarme, invito a quienes viven en Tenerife a participar de esta modalidad de estudios para quienes ya somos mayores. Desde E.U.P.A.M, se están desarrollando cursos pensados para quienes como yo, somos personas a las que, tener un título ya no supone un objetivo primario, pero si una posibilidad de seguir teniendo acceso a la Cultura con mayúsculas. Son clases que se llevan a cabo a nuestro nuevo ritmo de aprendizaje y aunque hoy por hoy el abanico de materias, es francamente mejorable, no tengo ninguna duda de que a medida que seamos más, quienes mostremos interés y nos inscribamos, se irá aumentando ese dossier académico. Podría quedar todo en ese punto, y estaría muy, pero que muy bien. Pero además en el entorno del alumnado, han surgido dos asociaciones que aumentan el valor de estar matriculado. Yo pertenezco a una de las dos: AMULL, y créanme cuando les digo que entre los estudios y las actividades “extra académicas” que se ponen en marcha desde esta asociación, la agenda va dejando pocos huecos para el aburrimiento. ¡La vida del jubilado, no tiene que pasar por ese bache! En la jubilación, lo de “ver obras desde una valla”, ya es tiempo pretérito. Ahora tenemos la posibilidad de seguir aumentando nuestro bagaje cultural a nuestro ritmo; y desde la Universidad de La Laguna, E.U.P.A.M. (Educación Universitaria para Adultos y Mayores), se nos brinda la oportunidad para ello.

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