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Después del 21 D

Por Julio Fajardo Sánchez
lunes 22 de diciembre de 2025, 14:31h
Última actualización: lunes 22 de diciembre de 2025, 23:23h

Si no te gusta el café, toma dos tazas. A Sánchez le hablan de remodelación desde todos los bancos de la grada nacional. Primero se lo dijo Yolanda, después se lo exige Podemos tras la hecatombe de Extremadura; también se lo gritan desde dentro de su partido mientras los barones tiemblan por la que se les viene encima si no hace algo. La consecuencia es nombrar nueva ministra de Educación a Milagros Tolón, que era delegada del Gobierno en Castilla la Mancha y la némesis de García Page. A la debacle del sanchismo se responde con más sanchismo.

Estamos ante una escalada peligrosa, pero nadie se da por aludido, porque el jefe está esperando la oportunidad de que lleguen tiempos mejores, cuando todo el mundo sabe que esos tiempos no llegarán. Como dicen por aquí, a peor va la mejoría. Hago una excursión por la prensa escrita, igual que todos los días, y no veo más que desazón. Los plumíferos están deprimidos y no levantan cabeza. Se huele un ambiente de fin de ciclo y nadie es capaz de mostrar su entusiasmo.

Si el presidente escribiera una carta y se retirara cinco días a reflexionar, nadie iría a Ferraz a consolarlo. Se está empezando a notar la soledad del que ya no tiene donde sustentarse. Hace tiempo que, después de lo de Cerdán, Ábalos, Salazar y ahora Leire y el de la SEPI, se percibe una situación extrema que se materializa en una falta de asistencia en las urnas. Entramos en una etapa de pesimismo que unas cuantas mentiras no podrán remediar. Al contrario, todo lo que se haga o diga servirá para empeorar las cosas.

Desde Izquierda Unida reprochan que no haya una reacción, pero esto da igual. La pregunta es qué hará Yolanda navegando en este mar de desolación. No podrá apuntarse al éxito relativo de esa izquierda que parece resurgir del naufragio, porque la han dejado sola, como a los de Tudela. Moncloa seguirá adelante con su plan de engordar a Vox, en la confianza de que sus socios no la van a abandonar. A ellos no les afecta; o al menos eso creen, después de ver lo de Unidas por Extremadura. La izquierda se recompondrá, pero no será de la mano de Sánchez. Sánchez está acabado y no tendrá a un poeta que lo llore. Él lo ha querido así.

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