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Niños hiperregalados

viernes 06 de enero de 2023, 06:00h

Regalos, regalos y más regalos. La inmensa mayoría de las casas habrán amanecido hoy con paquetes de todos los colores y tamaños después de la llegada de los Reyes Magos, poniendo fin a una bacanal de compras que se inició a finales de noviembre, con el Black Friday. Según el Estudio de Consumo Navideño 2022, elaborado por Deloitte, cada español se habrá gastado en estas fechas 270 euros solo en regalos, un 12,4% más respecto al año anterior.

Los niños son los principales destinatarios de estos presentes, porque en España no teníamos suficiente con la tradición religiosa de los Reyes Magos que desde hace ya muchos años incorporamos la tradición americana de Papá Noel. Así que nuestros hijos tienen una doble oportunidad de pedir sus regalos favoritos hasta agotar muchas veces sus propias listas de deseos, porque los regalos llegan a sus casas, pero también a las de sus abuelos, tíos, conocidos y demás familiares. De un tiempo a esta parte se habla mucho de los niños hiperregalados, pero eso desvía la atención del auténtico foco: los adultos hiperregaladores.

Muchos padres intentamos, sin demasiado éxito, todo sea dicho, tácticas disuasorias para evitar caer en el consumismo y hacer entender a nuestros hijos que no es tanto la calidad de los regalos como la calidad de los mismos y que estos respondan verdaderamente a un deseo especial que se ve cumplido en una época especial, la más mágica del año.

“No puedes pedir tanto”, “Tú sabes que todo no te lo pueden traer, ¿verdad?”, “Los Reyes pueden traer dos regalos como máximo porque tienen que llegar a todos los hogares” son algunas de las frases con las que los progenitores intentamos poner coto a los deseos interminables de los hijos. Pero, ¿son los niños realmente los responsables de pedir tanto en Navidad? Frente al vicio de pedir de los más pequeños, está la virtud de no dar o, mejor, de racionalizar los regalos por parte de los mayores. Difícil ecuación en una sociedad consumista, sometida al bombardeo publicitario continuo de las grandes marcas y en la que una de las principales aficiones de las familias es ir a pasar la tarde a un centro comercial. Entre otras cosas, porque tampoco existen muchas otras alternativas, al menos en una ciudad como Palma, en la que la oferta cultural escasea.

Existen teorías sobre el número adecuado de regalos que tendrían que recibir nuestros niños en estas fechas, como la regla de los cuatro regalos, por la que los más pequeños solo podrían pedir 4 cosas: algo para vestir, algo necesario, algo emocional y un regalo que tenga una finalidad. Con esta propuesta, dicen los expertos, nos aseguramos de que el número de regalos no sea excesivo y de que realmente los quieran o necesiten. Y, sobre todo, que acaben jugando con ellos, porque muchas veces el regalo se desempaqueta para dejarlo en un rincón sin que nadie se acuerde de él hasta meses después.

Les reconozco que no es tarea fácil, pero al menos hay que intentarlo. Desconozco si el número correcto de regalos es cuatro, seis o dos. No creo que sea cuestión de un número concreto. Sinceramente considero que debería ser más una cuestión de calidad y de motivación real de los regalos, para lo que se requiere más de una conversación pedagógica con nuestros hijos, que todo lo entienden. Es, hasta cierto punto normal, que estas Navidades, tras dos años depresivos por la pandemia, hayan supuesto un rebote en el consumismo y un incremento en el gasto en regalos, a pesar de la inflación. Así que no se preocupen si se les ha vuelto a disparar el número de regalos. Queda todo el año por delante para seguir intentándolo, con más y cumpleaños de por medio. Y si no, en menos de lo que nos demos cuenta, llegarán las siguientes Navidades y podremos volver a intentarlo.

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