SOCIEDAD

El cambio de hora dispara el riesgo cardiovascular y cognitivo

J. Fernández-Ortega | Domingo 29 de marzo de 2026

Esta madrugada, España ha perdido una hora de sueño. Lo que parece un ajuste menor tiene consecuencias medibles en el sistema cardiovascular, el estado de ánimo y el rendimiento cognitivo. Los especialistas en neurofisiología clínica explica por qué el cambio de primavera es el más dañino.



El despertador suena a las 7:00, pero para el cerebro —ese reloj que no atiende decretos ni directivas europeas— son las 6:00 de la madrugada. Una hora de sueño desaparecida sin previo aviso, sin negociación, sin margen de adaptación. El cuerpo no lo olvida tan rápido.

Esta madrugada, España ha adelantado adelantó sus relojes una hora: a las 02:00 fueron las 03:00. El día tendrá 23 horas en lugar de 24. Este ajuste, que se realiza dos veces al año desde hace décadas, implica la pérdida de 60 minutos de sueño en una sola noche. Ese déficit, aparentemente trivial, tiene efectos documentados sobre el organismo que los expertos llevan años señalando y que, pese a todo, siguen sin recibir la atención pública que merecen.

QUÉ LE OCURRE AL CUERPO EN LAS HORAS SIGUIENTES

El ser humano funciona sobre un sistema de precisión biológica. El cuerpo regula procesos esenciales —sueño, secreción hormonal, presión arterial, temperatura corporal— siguiendo un ritmo circadiano sincronizado principalmente por la luz natural. Cuando el horario se adelanta de forma brusca, ese equilibrio se rompe temporalmente.

"Si adelantamos el reloj una hora provocamos una alteración de nuestro ritmo circadiano, una desincronización de nuestro reloj biológico, lo que conlleva dificultad para conciliar o mantener el sueño, cansancio, somnolencia diurna, irritabilidad, cambios en el estado de ánimo, dificultades en la concentración y memoria, y menor rendimiento escolar o laboral", explica el doctor Cristian Sánchez, médico especialista en Neurofisiología Clínica y responsable de la Unidad del Sueño del Hospital Juaneda Miramar. A eso suma, con toda la gravedad que implica, un impacto en la salud cardiovascular: "Mayor riesgo de infarto al miocardio y eventos cerebrovasculares".

No es alarmismo. Un estudio publicado en el European Journal of Epidemiology concluye que la transición al horario de primavera produce a corto plazo un aumento de los infartos agudos de miocardio y de los accidentes mortales de tráfico. Los expertos relacionan este fenómeno con la combinación de falta de sueño, aumento del estrés y alteraciones en la presión arterial. Los efectos, en todo caso, son transitorios para la mayoría. El problema es que "transitorio" puede durar varios días.

EL JET LAG QUE NADIE LLAMA JET LAG

El mecanismo es el mismo que en un vuelo transatlántico, pero en versión institucionalizada y anual. La menor exposición a la luz natural por la mañana retrasa la inhibición de la melatonina, la hormona que induce el sueño, y puede alterar la producción de serotonina, relacionada con el estado de ánimo. El resultado: personas que se levantan soñolientas, que conducen medio dormidas, que toman decisiones con el córtex prefrontal todavía en modo nocturno.

La infografía ilustra cómo el cambio de hora afecta la salud cardiovascular y cognitiva.

POR QUÉ MARZO ES PEOR QUE OCTUBRE

Aquí la ciencia es clara, aunque el calendario lo ignore. "El cambio de hora de marzo se considera, por la evidencia científica, más perjudicial para nuestra salud que el de octubre", afirma el doctor Sánchez. La razón tiene que ver con la dirección del desplazamiento: adelantar el reloj obliga al organismo a dormirse y despertarse artificialmente antes de que su biología esté lista. Es un esfuerzo en contra de la corriente.

La posición unánime entre los especialistas en medicina del sueño apunta hacia una solución concreta: eliminar el cambio y mantener el horario de invierno de forma permanente. "Es el que tiene mayor sincronía con la luz solar y con el que más fácilmente nos adaptamos", explica el especialista. Las consecuencias prácticas serían significativas: el sol saldría antes desde finales de marzo hasta finales de octubre, los despertares serían más naturales, habría más rendimiento laboral y escolar, y menos tiempo de luz nocturna reduciría las probabilidades de trasnochar, lo que a su vez disminuiría el riesgo de diabetes, obesidad, apnea del sueño y trastornos neurocognitivos. Un argumento encadenado y robusto.

Y, sin embargo, la falta de acuerdo entre los Estados miembros sobre qué horario adoptar de forma permanente ha dejado la iniciativa paralizada. El Gobierno de Pedro Sánchez propuso formalmente a la UE que el de 2026 sea el último cambio de hora estacional, argumentando que la medida está "obsoleta" y ya no aporta ahorro energético significativo. Pero sin consenso comunitario, los relojes se siguen avanzando —o retrasando— dos veces al año.

A QUIÉN HAY QUE PROTEGER MÁS

No todos los cuerpos responden igual. Los colectivos más vulnerables son los niños, las personas mayores y quienes padecen determinadas patologías crónicas. Pero hay un grupo que merece atención específica y que suele quedar fuera del foco: quienes ya arrastran un trastorno del sueño, apnea, ansiedad o depresión.

"El tener un trastorno de sueño asociado o un trastorno psiquiátrico incrementaría la sintomatología que conllevan estos trastornos, con una retroalimentación negativa de efecto más perjudicial para la salud, incrementando el riesgo de aparición de otras enfermedades o trastornos", advierte el doctor Sánchez. Para estas personas, el cambio de hora no es una molestia leve. Es un detonante potencial.

El problema de fondo es cultural. "Todavía se sigue subestimando el sueño, pero cada vez la población es más consciente de que es un pilar fundamental para la salud, igual que lo es el ejercicio o la nutrición", señala Sánchez. La comparación no es casual: nadie justificaría eliminar una semana entera de ejercicio sin consecuencias. Pero robar una hora de sueño cada primavera, eso sí parece negociable.

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