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El sastrecillo valiente

Por Álvaro Delgado
lunes 09 de marzo de 2026, 12:44h

Bajo el título de “El sastrecillo valiente”, los hermanos Grimm narraron la historia de un humilde sastre que un día, desayunando en su taller, mató de un fuerte manotazo siete moscas que rondaban su rebanada de pan con mermelada. Luego, para presumir de su hazaña, se cosió un cinturón con la frase “Siete de un golpe” y salió a recorrer el mundo. La gente, unos malvados gigantes que encontró por el camino y hasta el mismísimo Rey creyeron que había derribado a siete enemigos de un mismo golpe. Por ello, pensaron que se trataba de un poderoso caballero quien, tras superar con ingenio diferentes pruebas, consiguió casarse con la princesa.

Nuestro presidente Pedro Sánchez entiende la política internacional en exclusiva clave doméstica y la maneja, sin preocuparse por las consecuencias de sus decisiones, solo para intentar sobrevivir en Moncloa. Vista su situación política actual, sin mayoría parlamentaria, sin presupuestos y sin poder legislar, sus ochocientos asesores de imagen le han cocinado un menú flower power atizando el “No a la guerra” y desenterrando la imagen de Aznar, Bush y Blair en 2003 en las Azores. Un pacifismo de opereta que Sánchez no defiende por convicción, pues de haber sido nombrado hace algunos meses secretario general de la OTAN, cargo al que tenía aspiraciones y para el que resultó elegido Mark Rutte, hoy estaría junto a Trump capitalizando el bombardeo de Irán.

Este tipejo tramposo y alérgico a la verdad, que lleva ocho años troleando la Constitución y colonizando burdamente nuestras instituciones, y que huyó desmadejado de Paiporta tras recibir varias bolas de barro y un palo de escoba, pretende vendernos un liderazgo alternativo enfrentado a la Unión Europea, los países árabes y el imperialismo de Trump ondeando la bandera de la soberanía española y el Derecho internacional. Pero, conociendo lo poco que ha respetado siempre el Derecho nacional, nada salido de su febril factoría de ficción resulta demasiado creíble.

La deslealtad del Gobierno español con los socios europeos y su falta de fiabilidad en la esfera internacional acarrearán seguro consecuencias negativas -geoestratégicas, militares y económicas- para España y las empresas españolas. Pero el sastrecillo Sánchez ya no estará en el poder cuando todas se concreten, y poco le va a importar el desastre internacional que nos deje. Aun así, varios millones de españoles cantando “Imagine” habrán conseguido legitimarle para inflarse los bolsillos en los mismos caladeros dictatoriales en los que abreva su mentor Zapatero.

Si algún día Marruecos, fiel aliado norteamericano, invade Ceuta, Melilla o Canarias esperemos que, cuando USA y la OTAN se pongan de perfil, no tenga que defendernos Margarita Robles con una rama de olivo en su casco de camuflaje y una chapa de los Goya en la solapa de su uniforme carnavalesco. El complejo mundo actual precisa ser gestionado por líderes adultos, gente que sepa gestionar alianzas y conveniencias para el país y no apaños para sí mismos. Pero desgraciadamente Gila al lado de quienes hoy nos gobiernan era el general Eisenhower y España, por sus exclusivos medios, nunca se podrá defender.

Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, declaró el pasado miércoles que España, un día después del pomposo “No a la guerra” de Sánchez, había aceptado colaborar militarmente con los Estados Unidos, hecho que comprobaron múltiples tuiteros siguiendo con Flightradar vuelos militares desde la base aeronaval de Rota hasta Oriente Medio. Se publicó también un video de nuestra ministra de Defensa entrevistándose con el nuevo embajador USA en España, tras lo cual la fragata española “Cristóbal Colón” zarpó rumbo a Chipre. Todo forma parte de otra efímera representación teatral del sastrecillo trilero que, como afirma Carlos Herrera, “no dice la verdad ni al médico”. Ha durado tanto el “No a la guerra” como duró la independencia de Cataluña.

El cuento de los hermanos Grimm quería transmitir al público una moraleja positiva: que cultivando la agudeza y el ingenio se puede combatir la fuerza bruta y conquistar objetivos nobles. Pero nada de ello puede predicarse del demacrado fabulista de La Moncloa. No existe atisbo de nobleza ni pacifismo en su impostada actitud de sastrecillo valiente. Solo una oportunidad inesperada de cohesionar a la alicaída izquierda española para agarrarse como sea al poder.

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