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Un 34,8% de los adolescentes españoles de 15 a 18 años ha tenido relaciones sexuales

Un 34,8% de los adolescentes españoles de 15 a 18 años ha tenido relaciones sexuales
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Por Redacción
martes 03 de febrero de 2026, 12:53h

Un estudio del Ministerio de Sanidad revela que el 34,8% de los adolescentes españoles de 15 a 18 años ha mantenido relaciones sexuales coitales, con un inicio temprano en el 13,2% de los casos. La investigación, parte del Estudio HBSC-2022, muestra una disminución preocupante en el uso de métodos anticonceptivos seguros, como el preservativo, que ha caído al 65,5%. Las chicas presentan una mayor vulnerabilidad en salud sexual debido a su menor uso de anticonceptivos. Además, las desigualdades socioeconómicas influyen en la salud sexual, destacando la necesidad de fortalecer la educación sexual integral y mejorar el acceso a métodos anticonceptivos.

El Ministerio de Sanidad ha dado a conocer los resultados del módulo de conducta sexual adolescente del Estudio HBSC-2022 en España (Health Behaviour in School-aged Children), que examina los comportamientos sexuales de jóvenes escolarizados entre 15 y 18 años. Este estudio, enmarcado dentro de un proyecto internacional impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), permite analizar la evolución de indicadores clave desde el año 2002.

Según el informe, en 2022, el 34,8% de los adolescentes entre 15 y 18 años ha mantenido relaciones sexuales coitales. La diferencia entre géneros es mínima: 34,3% de los chicos y 35,2% de las chicas. Sin embargo, la edad juega un papel determinante; mientras que el 20,7%% de los jóvenes de 15-16 años han tenido relaciones sexuales, esta cifra se eleva al 48,5%% en el grupo de 17-18 años.

Disminución del uso de métodos seguros

El preservativo se mantiene como el método anticonceptivo más utilizado: un 65,5%% de los encuestados afirmó haberlo usado en su última relación sexual coital. No obstante, esta cifra ha mostrado una disminución constante desde 2002, cayendo en 18 puntos porcentuales en dos décadas.

Dicha tendencia ha sido acompañada por un aumento en la brecha de género. En 2002, el uso del preservativo era casi equitativo (82,5% en chicas y 83,3% en chicos); sin embargo, para 2022 solo el 60,8%% de las chicas lo utilizó frente al 70,6%% de los chicos. Esta caída es especialmente alarmante entre las adolescentes de 15 a 16 años, donde el uso disminuyó del 78,5%% en 2018 al 62,9%% en 2022.

Embarazos y uso de anticoncepción de emergencia

A pesar del bajo uso del preservativo entre las chicas, el uso de la píldora anticonceptiva se sitúa en un 15,9%% estable desde 2014. Esto implica que uno/a de cada cuatro adolescentes recurre a métodos inseguros para prevenir embarazos y uno/a de cada tres para evitar infecciones de transmisión sexual.

Cabe destacar que una tercera parte (32,3%) de las chicas ha utilizado alguna vez la píldora del día después; un 7,2%% lo ha hecho en dos ocasiones y un 3,0%% en tres o más. Este dato subraya la necesidad urgente de mejorar tanto la educación como el acceso a métodos anticonceptivos regulares.

Impacto de las desigualdades socioeconómicas

Lamentablemente, las condiciones económicas impactan directamente en la salud sexual. Las familias con menor capacidad adquisitiva presentan tasas más altas tanto en el inicio precoz como en el menor uso del preservativo y una mayor frecuencia con métodos inseguros.

A contracorriente, los adolescentes provenientes de familias con alta capacidad adquisitiva muestran mejores indicadores preventivos. Esto incluye un uso más frecuente y efectivo tanto de anticonceptivos seguros como emergentes.

Implicaciones y recomendaciones

Los datos obtenidos evidencian la necesidad imperiosa de fortalecer políticas que promuevan una educación sexual integral con enfoque preventivo y comunitario. Asimismo, es crucial abordar los determinantes sociales que influyen sobre la conducta sexual adolescente.

Promover el uso consistente y seguro de métodos anticonceptivos y reducir las desigualdades sociales son pasos esenciales para prevenir infecciones por transmisión sexual y embarazos no deseados. Para lograrlo se requiere una respuesta multisectorial que involucre a centros educativos, servicios sanitarios y familias.

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