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Iñaki Urdangarin: la confesión que pone nombre al precio del “caso Nóos”

Iñaki Urdangarin: la confesión que pone nombre al precio del “caso Nóos”
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Por J. Fernández-Ortega
lunes 02 de febrero de 2026, 16:56h

En su entrevista en Lo de Évole, Iñaki Urdangarin ensayó algo poco habitual en este tipo de regresos: una autopsia moral. Habló de ambición, de cárcel, de familia y de una institución que —según su relato— se protegió a sí misma cuando todo ardía.

La televisión tiene memoria, pero también un extraño olfato para el momento exacto. Iñaki Urdangarin apareció en el programa de Évole cuando el ruido ya no es el de los juzgados, sino el de las consecuencias: un divorcio, una condena cumplida, una nueva vida y unas memorias a punto de publicarse. No fue una “rajada” de sobremesa: fue un relato de daños, con culpa medida y heridas todavía calientes.

EL REGRESO: DEL SILENCIO A LA NARRACIÓN PROPIA

Un doble programa y un libro como excusa (o como escudo)

La entrevista llegó en formato doble y con una justificación clara: el lanzamiento de sus memorias, una especie de “versión larga” de lo que durante años se contó en titulares y sumarios. Él insistió en que el libro no busca venganza ni cotilleo, más bien el cierre de una etapa. Y ahí está el matiz: cuando alguien dice que no viene a ajustar cuentas, suele venir —como mínimo— a ordenar su versión del mundo.

Iñaki Urdangarin durante una entrevista en un programa de televisión.
Iñaki Urdangarin comparte su historia en una entrevista reveladora.

“ME CONTAGIÉ DE AMBICIÓN”: LA AUTOPSIA DE UN ASCENSO

El sistema que te abraza… pero no te adopta

Uno de los ejes de lo que dijo fue casi una confesión de estilo: el éxito como anestesia. Describió cómo se fue alejando de sus valores, cómo adoptó deseos que no eran suyos y cómo el entorno —privilegios incluidos— puede deformar la brújula sin que te enteres. La idea, repetida con distintas palabras, fue simple y cruel: te crees el mismo hasta que ya no lo eres.

También dejó una frase que suena menos a excusa que a diagnóstico: en ciertos círculos “tampoco recibes feedbacks sinceros”. Traducido: nadie te para los pies cuando vas lanzado… y luego todos fingen que era inevitable.

LA CÁRCEL: EL FONDO, LOS HIJOS Y EL LÍMITE

Cuando la caída deja de ser metáfora

La parte más incómoda —y quizá la más humana— fue la cárcel: habló de llanto, de tocar fondo y de pensamientos autodestructivos que, según contó, no llegaron a convertirse en acto por sus hijos. Sin morbo, con un tono seco, dejó claro el castigo invisible: el tiempo perdido y la distancia emocional. Mencionó el peso de estar “1.000 días” sin ellos, como quien enumera una factura que no prescribe.

En ese tramo del relato, el personaje mediático se desinfla. Queda un hombre que, al menos por un rato, no discute el pasado: lo carga.

CASA REAL, DISTANCIA Y UNA IDEA: “LA JUSTICIA NO ES IGUAL PARA TODOS”

La familia, la institución y el frío administrativo

En su paso por el programa, Urdangarin dibujó una relación actual “cordial” pero lejana con la Casa Real, y subrayó un hecho: no mantiene contacto con Felipe VI desde hace años. Sí habló de un vínculo mínimo y protocolario con Juan Carlos I, aunque describió como decepcionante el primer encuentro tras salir de prisión.

Hubo otra afirmación de alto voltaje: su convicción de que “la Justicia” no funciona igual para todos, y la lectura de que su entrada en prisión también respondía a una necesidad de ejemplaridad pública. Dicho de otro modo: alguien tenía que pagar el precio completo para que la institución respirara.

Iñaki Urdangarin durante una entrevista en un ambiente elegante.

DIVORCIO Y “PRECIO”: CUANDO LO PERSONAL SE VUELVE POLÍTICO

“Mi matrimonio ha sido el precio a pagar”

Entre lo más comentado de lo que dijo, una frase que resume el derrumbe doméstico: que su matrimonio fue “el precio” del calvario. Explicó que la decisión de divorciarse partió de él, con la intención de que ambos pudieran rehacer sus vidas. A partir de ahí, el relato se volvió casi minimalista: no hay épica en separarse; hay cansancio, culpa compartida y una certeza incómoda de “esto ya no vuelve”.

En esa nueva etapa, situó su estabilidad actual junto a Ainhoa Armentia, a quien describió como un “aire fresco” en un momento en el que —según su versión— necesitaba ser escuchado y no juzgado.

NÓOS, PEDRALBES Y EL RELATO DE LA “INTENCIÓN”

Orgullo, justificación y la frontera de lo creíble

Sobre el fondo del Caso Nóos, defendió su labor en el Instituto Nóos y negó voluntad de delinquir, señalando que el problema —según él— se dispara cuando el proyecto se acerca a administraciones públicas. También mencionó el “cordón sanitario” de vivir lejos (llegó a describirlo como 10.000 kilómetros) y cómo una vida en apariencia blindada puede convertirse, de pronto, en una vitrina rota.

QUÉ HA DICHO, EN EL FONDO: UNA TESIS INCÓMODA

Al final, lo que dejó fue una tesis: no solo cayó un hombre; cayó un modo de vivir sin contradicción aparente. Su entrevista no reescribe la sentencia, pero sí intenta reescribir el personaje: menos mito, más biografía; menos “yerno perfecto”, más adulto que paga su propia resaca. Y ahí está lo incómodo: cuando el privilegio se rompe, descubrimos que también hacía de anestesia.

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