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El palo en la rueda

La ecuación que resume la decisión de reducir las restricciones a la movilidad e incrementar la actividad económica y social convive con otras medidas impulsadas para controlar la pandemia.

Después del verano se ha ido recuperando vertiginosamente la movilidad en Europa y ese aperturismo ha repercutido fuertemente en la constante y creciente recuperación de la actividad económica y el empleo. Paralelamente, la presencia de gente en los recintos deportivos, el ambiente en bares y restaurantes y la relajación en medidas como el mantenimiento de la distancia social o el uso de la mascarilla nos fue acercando a la normalidad perdida.

La gente está saliendo de las restricciones impuestas por las autoridades para controlar la pandemia con ganas de salir a la calle y consumir. Los buenos datos en empleo y afiliación a la Seguridad Social del mes de noviembre reflejan que bares, restaurantes y hoteles han sido los agitadores que han propiciado las buenas perspectivas con las que iniciamos el último mes del año.

Sin embargo, la incertidumbre vuelve a teñir de nubarrones el camino emprendido hacia la completa recuperación de la normalidad. Con las reservas en hoteles y apartamentos disparadas, con una creciente demanda de reservas para celebrar las tradicionales comidas navideñas de empresa y con un ambiente en la calle de pérdida del miedo a los contagios —mucha gente sin mascarilla y, por supuesto, sin guardar distancia social— y con los estadios de fútbol sin apenas restricciones ha aparecido una nueva incertidumbre que puede afectar, otra vez, a la salud y a la economía.

La aparición de la variante de la Covid-19, Ómicron, ha sacudido otra vez al mundo. Aunque los científicos no han tenido un pronunciamiento rotundo sobre la contagiosidad y la letalidad de esta nueva variante, las señales que están llegando por las decisiones que están tomando algunos gobiernos del mundo y los confusos mensajes que llegan de la OMS generan dudas e incertidumbres que pueden ser un palo en la rueda de la recuperación.

Una buena parte del camino que hay que emprender para hacerle frente a esta nueva variante Ómicron está en manos de la ciencia. El descubrimiento en un tiempo récord de la vacuna para frenar el COVID y el éxito de la misma garantizan que son el conocimiento, la investigación y la ciencia las armas más certeras en la lucha contra la pandemia.

La aparición de esta nueva variante ha hecho que la Unión Europea reflexione sobre la necesidad de que la vacuna sea obligatoria.

Los científicos han hecho con éxito su trabajo y el reconocimiento de todos los organismos del mundo ha sido unánime; por una vez, Europa ha dado muestras de que es algo más que un club de puros intereses económicos y no ha escatimado ni recursos ni medios para el descubrimiento, financiación y distribución de la vacuna.

Cabe preguntarnos si cada uno de nosotros estamos poniendo la parte que nos corresponde para evitar más contagios y más muertes; si cada uno de nosotros estamos respetando los consejos de las autoridades para evitar que los hospitales se colapsen con la atención a contagiados y limitando la misma a otros pacientes. Cabe preguntarnos si podemos hacer algo más para evitar que se vuelva a frenar la economía y la creación de empleo.

No es el momento de perder el tiempo en reflexiones sino de hacerle frente a la pandemia con medidas que obliguen a que todo el mundo se vacune, complementado así el resto de medidas aconsejadas por las autoridades sanitarias.

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