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El arado y el surco

jueves 25 de febrero de 2021, 05:00h
Ese desgarro en la tierra que produce el arado, mecánico o tradicional, que abre su piel para recoger la semilla, esa herida mística que al cerrarse derrama en el agricultor una apertura a la esperanza de un fruto desconocido, esa realidad que peina y hermosea las huertas grandes o pequeñas lo llamamos surco. Los surcos son la visión de la humanización del suelo, mucho más que el asfalto es la transformación técnica del mismo. La naturaleza surcada es el rostro de una tierra humanizada y colocada al servicio de las personas.

Los barcos surcan el mar, como los años surcan el rostro con las arrugas manchadas de una piel que se ha enfrentado a los años y al ambiente. Surca el cielo los aviones que acercan la geografía y posibilitan que se estrechen las distancias de los pueblos. Surcos hay y surcos habrá que hagan posible la vida humana.

A partir de la próxima semana Cáritas rehabilita un Proyecto de ayuda al desarrollo de los países más pobres a través de unos itinerarios educativos sobre el comercio justo y el consumo responsable. El ayudar a entender y el educar la sociedad es también un acto de caridad, de amor fraterno. Porque cada vez es más urgente reconocer que la economía debe estar siempre centrada en la persona y ser motor de humanidad. Y a este proyecto social y solidario, Cáritas lo llama «El Surco».

Los surcos unen los vértices de las huertas y generan espacios de riego compartido que, en este caso, son como si del bien común universal se tratase. El Surco nació hace muchos años, y tenía su sede en la C/ Juan Pablo II, en Santa Cruz de Tenerife. Ahora el arado ha sido alzado y «El Surco» se ha trasladado hasta la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Allí, en la C/ Quinteras, en ese salón haciendo esquina con la iglesia de Santo Domingo, cerca de la imagen entrañable del Santo Hermano Pedro que entré su vida en Guatemala, frente a la explanada en la que Muvisa nos ofrece aparcamientos, quiere abrir sus puertas este sencillo proyecto de ayuda a los de allá, trayendo hasta acá lo que sus manos han elaborado y ofreciéndonos la posibilidad de ayudar directa y sin intermediarios a los productores de los países en vía de desarrollo.

Si alguien no nos lo cuenta nunca lo sabríamos. Podemos hacer el bien cuando consumimos lo que necesitamos. Podemos hacer un regalo regalando solidaridad. Y estos medios nunca sobran. Siempre serán escasos los medios que hacen posible que disparando una vez logremos el doble objetivo de adquirir un producto y ayudar al productor.

No es una moda. No es una esnobista tendencia de ser contracultural. No es la rareza de querer llamar la atención adquiriendo productor de agricultura ecológica y sirviéndonos de servicio producidos por empresas de inserción. Es justicia y solidaridad al alcance de la mano. Es la cercanía de los medios que ayudan y sostienen la vida digna de otras personas.

Ya sé que es una gota en medio de un océano, tantas veces insolidario, inabarcable. Pero esa gota pequeña es, sin duda, hidratante de la piel de la pobreza de un mundo global en el que la pobreza también tiene la nota de la globalidad.

Hay otros surcos de solidaridad, claro; pero agradecemos sinceramente la acogida general de «El Surco», proyecto de ayuda al desarrollo de Cáritas diocesana de Tenerife.

Juan Pedro Rivero González

Delegado de Cáritas diocesana de Tenerife

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