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Corazón ardiente y cabeza fría

Por Juan Pedro Rivero González
jueves 23 de septiembre de 2021, 06:00h
Es imposible pedirle a quienes contemplan el color y el humo de la lengua de lava que araña y traga bajando hacia la costa que tengan la cabeza fría. Es imposible.

La gravedad de la situación en La Palma es de largo recorrido. Ahora es imposible no estar sensibles y querer colaborar de cualquier manera. Hemos sido testigos desde el minuto uno y con una cobertura casi de 24 horas de la situación vulcanológica. Pero la solución va más allá de este momento inicial que precisa una necesaria respuesta de emergencia.

No cualquier cosa en cualquier lugar. Debemos estar atentos a las necesidades y a los recursos que solicitan las entidades expertas en respuestas de emergencia y las administraciones públicas de la zona. No soluciona nada, y puede que hasta estorbe, una inundación de ropa cuando no es lo que se necesita en este momento. Para esto es necesario mantener el corazón ardiendo, pero la cabeza fría.

En esta situación, como ejemplo o símbolo elocuente, valdría la comparación entre el galgo y el mastín. La situación exige mastines, más que galgos. Me encanta esa imagen en su dicho popular: “Más corre el galgo que el mastín; pero si el camino es largo, más corre el mastín que el galgo”. La solidaridad debe ser de corredores de maratón, de fondo. La chispa y explosión solidaria del corredor de 100 metros lisos nos admira contemplarlo por su velocidad. Pero este volcán no es ni liso ni de 100 metros, sino de larga duración.

Cuando la lava se enfríe, y los medios no se hagan eco porque se acabó el brillo nocturno de la lava incandescente, entonces la solidaridad seguirá siendo necesaria. Y ahí debemos seguir estando. Ahora, con el corazón ardiendo, lo que haga falta y nos pidan; luego, con la cabeza fría, lo que la realidad precise. Manteniendo el corazón ardiendo.

Cuando hemos ido a La Palma y nos han mostrado la hermosura de la Isla, además del norte húmedo y vestido de laurisila, nos han enseñado la ruta de los volcanes. Ese desértico camino de cráteres que antaño fueron configurando el sur de la isla corazón. A partir de ahora esa ruta tendrá otra configuración inevitable. Es así como se va escribiendo la historia.

Y la historia habla de tiempo y de espacio. Y en ese espacio este tiempo ha sido dramático. Resuena en mí el comentario de una señora palmera a la que un medio de comunicación entrevistaba ayer: “Yo no sé qué más nos va a pasar; hemos padecido año y medio de la Covid-19, hemos sufrido un incendio tremendo y ahora se despierta el volcán. ¿Qué más falta que ocurra en La Palma?”. Ciertamente han tenido el clavo vuelto por su filo.

Pero tengamos la cabeza fría –si es posible- porque lo que no podemos perder es la esperanza. Y esta se basa en una confianza que es capaz de atravesar la historia.

Esperanza de corazón ardiente.

Juan Pedro Rivero González

Delegado de Cáritas diocesana de Tenerife

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